sábado, marzo 15, 2014

UCRANIA Y LA EUROPA CREATIVA


UCRANIA Y LA EUROPA CREATIVA
Héctor Casanueva
Publicado por América Economía

El curso de los acontecimientos en Ucrania, Rusia y en toda Europa deriva hacia una crisis de tipo estratégico, de equilibrios de poder, de reivindicaciones nacionalistas y étnicas, y de colisión de modelos políticos. Su alcance es todavía impredecible, ya que involucra a la distancia a Estados Unidos y su asociación atlántica, y desafía el re-posicionamiento que había iniciado Rusia a raíz de la crisis Siria.

O sea, todo un entramado geopolítico que empieza a dejar en segundo plano y pone en riesgo la causa eficiente de la crisis, más profunda, gatillada por los jóvenes pro-Unión Europea que vieron con mucha claridad que la renuencia de sus gobernantes  -hoy depuestos-  a consolidar una asociación con la UE, primer paso hacia un futuro ingreso pleno a la misma, sepultaría sus anhelos de ser parte de ese proyecto de integración basado en la libertad política, la libertad económica, las oportunidades y los derechos sociales, con todas sus positivas consecuencias en lo cultural, lo educativo, el deporte, la innovación. Y los deja fuera de uno de los mayores activos de la UE, que es la mantención de un espacio de paz, desarrollo y cooperación.

El influjo que ejerce la integración europea sobre los habitantes de países de la ex Unión Soviética y su órbita es imparable. De los denominados “PECOS” (Países de la Europa Central y Oriental), para los que la UE puso en marcha, después de la caída del imperio soviético el “Programa Faro” destinado a prepararlos para la futura adhesión, desde 2004 han ingresado a la UE plenamente 11 de ellos. El más reciente fue Croacia, y hay tres candidatos a la adhesión en los próximos años: Macedonia, Montenegro y Serbia. También hay dos candidatos potenciales: Bosnia-Herzegovina y Kosovo, si bien este último tiene cuestionada su independencia por algunos países. Para otros países ex-soviéticos más lejanos, como Azerbaijan, hay una política explícita de la UE para ir generando convergencias que en el largo plazo también podrían conducir a una integración.

Los resultados de la adhesión de estos países son positivos para su población, en términos de acceso a los programas comunitarios de apoyo para el desarrollo social, productivo, educacional y cultural, y al mismo tiempo demuestran un importante avance en democracia, accountability, y construcción de capacidades institucionales. El Erasmus, los programas de ciencia y tecnología, la movilidad académica, profesional, y la libre circulación (con dificultades coyunturales aún), son apetecidos y aprovechados especialmente por los jóvenes, y por las universidades, las empresas y centros de investigación.

Esto es lo que los jóvenes y en general la población de Ucrania quieren tener para sí, asumiendo que ello viene de la mano de la vigencia de los valores democráticos, una institucionalidad pública confiable y el respeto a los derechos humanos, que Rusia y sus aliados internos no les garantizan. Por eso, la confrontación en ese escenario en definitiva se relaciona con las expectativas de calidad de vida de las personas y su futuro, que el actual juego de poder obnubila y limita, mientras ven que la UE lanza para sus miembros y asociados, además de sus programas Erasmus Plus y Horizonte 2020, el programa financiero “Creative Europe”, para fomentar la industria cultural y la construcción de un espacio dinámico para que todos los creadores desplieguen sus talentos, se vinculen dentro de ese espacio, potencien el cultivo de las artes en todas sus formas, como una base cierta de apertura intelectual que solo la democracia plena puede cobijar y la integración puede garantizar.

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¡FUCK THE EU!


¡FUCK THE EU!
Héctor Casanueva
Publicada por América Economía

Hace poco tiempo, tuvimos una demostración muy elocuente del grado de sofisticación y profundidad estratégica de la diplomacia de los Estados Unidos. “Fuck the EU”, dicho serenamente y como si nada por la secretaria adjunta del Departamento de Estado de Estados Unidos, Victoria Nuland, sobre posibles intervenciones y apoyos para resolver la crisis ucraniana, resume toda una visión geopolítica -espero que no sea compartida por el presidente Obama- con respecto a su, hasta ahora, principal socio transatlántico.  

Me imagino, después de esto, que también podrá pasar por su mente un “Fuck Latin America”. Menos mal que por estos lados nos estamos entendiendo mejor, y afianzando nuestra concertación política. Pero debemos estar atentos.

“Que se joda la UE”, no parece coherente si con el viejo continente, entre otros temas no menores, la potencia del Norte comparte la OTAN, Alianza Atlántica creada para contener en su momento a la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, y que hoy, si bien algo devaluada por el supuesto término de la guerra fría, no deja de tener importancia estratégica dada la ofensiva rusa. Con la Unión Europea los Estados Unidos buscan, en estos momentos, un acuerdo integral de comercio e inversiones, que le puede significar algunos puntos de crecimiento del PIB, pero sobretodo, sería la base económico-financiera de la vinculación política occidental inaugurada en la postguerra el siglo pasado y una ganancia de masa crítica frente a China y el Asia en su conjunto.

El desprecio consuetudinario de cierta diplomacia estadounidense por la Europa integrada parece no haber remitido, desde aquella ironía kissingeriana que decía “si quiero hablar con Europa, ¿a qué teléfono debo marcar?”. Ya entonces resultaba incomprensible para ellos un proceso de integración basado en el diálogo “ad nauseum”, y en la articulación persistente de posiciones múltiples para la toma de decisiones. No reparan, al parecer, que ese pretendido hándicap es el que ha permitido siete décadas de paz en Europa, y la eliminación de toda hipótesis de conflicto entre sus estados, y es el instrumento para avanzar en la paz completa en la que Gorbachev denominó “la casa común europea”. En el mismo lapso, Estados Unidos se ha involucrado en Corea, Viet-Nam y Cambodia, Afganistán, Irak, y múltiples acciones menores en diferentes partes del mundo.

Hoy la Unión Europea comienza a salir de una crisis financiera que vino del otro lado del Atlántico, que por cierto develó las debilidades aún existentes en el proceso de integración. Sigue siendo la primera potencia comercial del mundo, el primer importador mundial de alimentos, el primer contribuyente mundial de ayuda oficial al desarrollo, y una potencia en ciencia y tecnología, que se acrecienta como tal a partir de la estrategia Europa 2020 y en especial del programa Horizonte 2020. Avanza desde el Tratado de Lisboa, sin prisa pero sin pausa, hacia la unión política, y tiene una hace poco inaugurada vocería comunitaria en política exterior, una representación como sujeto de derecho internacional con un asiento en Naciones Unidas, y sin duda es un actor político global. Que tarde en tomar decisiones sobre cuestiones sensibles que ocurren en sus fronteras  -como la crisis en Ukrania- no es una debilidad, sino la fortaleza de saber que los consensos son mejores que el garrote y la intimidación. Sobre todo en este caso, en que la disputa en ese país tiene que ver fundamentalmente con que la ciudadanía, especialmente los jóvenes, quieren integrarse en la UE y vivir bajo un sistema que incorpore los valores comunitarios de libertad, democracia, cooperación, equidad, protección social, que las actuales autoridades y sus socios externos no asumen. Esos valores deben prevalecer por consenso ciudadano, y no se puede pretender que la UE los imponga fuera de sus fronteras.

No me imagino a la comisaria europea de asuntos exteriores, Lady Ashton diciendo, bajo ninguna circunstancia, “fuck the USA”, pese a todos sus problemas y debilidades. Ahí está la diferencia.

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martes, diciembre 31, 2013

ACUERDO DE ASOCIACIÓN CHILE-UNIÓN EUROPEA

DIEZ AÑOS DE ASOCIACIÓN CHILE-UNIÓN EUROPEA: ¿COMO SEGUIR?
 Héctor Casanueva

Se han cumplido diez años del acuerdo de asociación con la Unión Europea, el más avanzado que la Europa comunitaria suscribió en su momento con un país tercero, abarcando el diálogo político, el comercio y la cooperación. No cabe duda que el balance por ambos lados es positivo, especialmente para Chile, que incrementó casi tres veces sus exportaciones, el 98.7% de sus productos entran libres de aranceles, recibió importantes inversiones y mucha cooperación financiera, académica y técnica en diferentes formas.

En este lapso de tiempo, la UE ha suscrito acuerdos similares, siguiendo el modelo del chileno, con Perú, Colombia y Centroamérica, que se suman al que ya había concretado con México. Y negocia todavía con el Mercosur, sin descartar que se llegue a firmar inicialmente solo con Brasil. Durante estos años, también, se han producido otros movimientos en Latinoamérica, como la creación de UNASUR, el ALBA y CELAC, y más recientemente pero con mucha fuerza, la Alianza del Pacífico, que integra a cuatro países que tienen acuerdos con la UE, que son Chile, Colombia, Perú y México. Al mismo tiempo, una iniciativa originalmente acotada, como el Transpacific Partnership (TPP), creado por Chile con Singapur, Brunei y Nueva Zelanda, se ha ampliado hasta ser una opción estratégica en el Pacífico para Estados Unidos, y un importante referente para México y Perú, que junto con Chile comparten además un TLC con ese país. Por su parte, la UE comenzó a negociar un superacuerdo comercial y de inversiones con Estados Unidos, inició lo mismo con Japón y se apresta a hacerlo con China. En medio de todo esto, la UE sufre una de sus peores crisis económicas, con incidencia en las bases mismas de su sistema de integración, de la que trata de salir con un menú de iniciativas institucionales, financieras y funcionales, como el proyecto Europa 2020.

Con este telón de fondo, que va a condicionar el desarrollo de las relaciones de Chile con la UE en sus tres dimensiones, mercado en el que competimos ahora con otros países de la región, y competiremos con las exportaciones asiáticas y norteamericanas, todos coinciden, sector privado y público, en que se ha cumplido un ciclo, la realidad ha cambiado, es muy dinámica, y por tanto corresponde pasar a una nueva fase. El gobierno de Chile ha invocado para ello la cláusula evolutiva del acuerdo, y presentado unas propuestas a la Comisión Europea, que las está considerando. Sin conocer el contenido específico del planteamiento chileno, pero basado en lo que informaron el canciller Moreno y el director de la Direcon en un seminario de la SOFOFA, más lo señalado por el embajador de la UE, las conversaciones iniciadas para “profundizar” y “modernizar” el instrumento estarían centradas, por parte de Chile, en temas medioambientales, laborales, y de propiedad intelectual; y por parte europea, en aspectos sanitarios, fitosanitarios, protección de inversiones y apertura del sector servicios.

Si bien todos estos aspectos permitirían efectivamente profundizar y modernizar el acuerdo, nos parecen solamente inerciales, una continuidad progresiva pero lineal, insuficientes para hacer frente al telón de fondo descrito, tanto para la UE como para Chile, pero en especial para nuestro país, que con su evidente rezago de productividad, evidenciado por numerosos rankings internacionales, pierde competitividad global y le será muy difícil aprovechar a fondo las oportunidades del mercado europeo, sofisticado y crecientemente ecologizado, y accesible para más competidores. Más aún si vemos que otros países de nuestro entorno, como Brasil, han hecho contundentes apuestas en formación de capital humano, investigación e innovación para ganar competitividad.


El desarrollo de la relación comercial con la UE puede verse incrementada con estas modernizaciones que se anuncian, pero serán marginales si nuestro país no estructura con la UE una nueva agenda completa, sistémica, que abarque tanto el acuerdo de asociación como el acuerdo de ciencia y tecnología recientemente renovado, generando un nuevo estatus de relaciones que ponga el acento, primero, en el diálogo político sobre gobernanza económico-comercial global y bilateral, para evitar previsibles y negativas consecuencias para Chile de los macroacuerdos en que la UE está empeñada con Estados Unidos, Japón y China. Segundo, que se focalice en la cooperación científico-tecnológica, insertándonos con ventaja de socios en los agresivos  programas comunitarios de investigación e innovación Horizonte 2020 y Erasmus Plus que se inician el próximo año, que están directamente relacionados con la productividad y competitividad de la economía, de los que podemos beneficiarnos para recuperar dinamismo productivo y mejorar nuestra inserción económica internacional. Eso, sin descontar que habría que retomar lo acordado con la UE en 2009 para una agenda de desarrollo conjunta, orientada hacia América latina, lo que cobra especial vigencia con nuestras nuevas alianzas en la región y con nuestra compleja relación vecinal.

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sábado, febrero 11, 2012

Europa y el Euro

EUROPA Y LOS DIEZ AÑOS DEL EURO

Héctor Casanueva

El 1 de enero se celebraron diez años de la introducción del Euro como moneda única en la Unión Europea. No es el momento para fuegos artificiales, pero la crisis financiera del Viejo Continente puede ser vista como una oportunidad para completar las cuestiones pendientes de la unión monetaria, que en parte importante explican precisamente la crisis. La adopción del Euro fue uno de los mayores desafíos de la integración europea, paso imprescindible para la unión económica y monetaria, sustento a su vez del mercado único y de la competitividad frente al exterior. Hoy lo utilizan más de trescientos treinta millones de personas, de los diecisiete países que integran la zona Euro, la que se debería ir completando hasta llegar a todos los miembros de la UE, salvo Gran Bretaña y Dinamarca que tienen una cláusula de exclusión, si bien no están impedidos de adoptarlo cuando lo decidan. Países candidatos a la UE, como Croacia o Islandia, deberán introducirlo una vez producida su adhesión. Estados no miembros de la UE, como Bosnia, Kosovo, o el Vaticano, también lo utilizan, e incluso Corea del Norte usa el Euro para sus intercambios comerciales. En Chile, el 33% de las reservas internacionales están constituidas en Euros.

Hay incertidumbre sobre la permanencia de la divisa, en medio de un cuestionamiento al proceso de integración, pues moneda única e integración son inseparables. Las instituciones de la UE y los países de la zona Euro han manejado la crisis con altibajos, idas y venidas, lentitud en las decisiones de una institucionalidad supranacional limitada, pero siempre en defensa de la moneda y del proceso, con medidas importantes como la creación de fondos y sistemas de apoyo a los países en riesgo, reforzadas con recientes decisiones para la gobernabilidad económica, disciplina fiscal e inyectar más recursos. La estabilidad, el crecimiento, la competitividad y el empleo, son los parámetros por los que será medido el manejo de la crisis y las bondades de la integración. Ello se refleja en la propuesta de reforma del Tratado, y en el presupuesto 2014-2020.

La UE, aún en plena crisis, es la primera potencia comercial y el primer importador de alimentos del mundo. En América latina es el primer inversionista, segundo socio comercial y fuente de cooperación. Pero como la UE no es solo un proceso económico, al que todos estamos ligados al ser el Euro la segunda moneda internacional, sino además un proyecto de paz y cooperación, que contribuye a los equilibrios geopolíticos necesarios para avanzar en la gobernabilidad internacional, lo que se juega en Europa es la estabilidad global, y para un país como Chile, abierto al mundo, esto es esencial.

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Relaciones Eurolatinoamericanas

América Latina y la mirada corta

HÉCTOR CASANUEVA

La reunión de la Comunidad Iberoamericana de Naciones realizada en noviembre 2011 en Asunción brilló más que por las deliberaciones y acuerdos, por las notorias ausencias de la mitad de los mandatarios convocados. Y entre ellas, faltaron nada menos que los tres socios de Paraguay en el Mercosur, dos de los cuales -Argentina y Brasil- constituyen el 90% del bloque y son miembros del G-20.

El diario español El País, del que se hicieron eco otros medios, plantea incluso que con este hecho América latina demuestra que le está dando la espalda a Europa y mira de frente al Asia, más concretamente aún, a China. Otros consideran que se trata de una vuelta de espalda a España y al hecho que Zapatero y el PSOE van de salida. Hay otras interpretaciones para la ausencia de los mercosurianos, como el poco peso político de Paraguay, las disputas internas, o la fatiga de cumbres que obliga a priorizar. De hecho las presidentas de Argentina y Brasil estuvieron en Cannes en la cumbre del G-20 junto a los líderes de las naciones más ricas del mundo. También las que tienen más problemas, es verdad.

Lo sucedido en Asunción debe hacer reflexionar a nuestros líderes, a los formadores de opinión, a la opinión pública y a la “opinión publicada”. Por una parte, es cierto, hay que evitar la saturación de cumbres presidenciales, espaciarlas, destinarlas a las cuestiones centrales de la construcción de un futuro común. Limitar en todo lo posible la parafernalia. Darle a las reuniones un sentido superior que sea visible y a la vez trascendente -los presidentes no pueden reunirse solo para aprobar declaraciones finales o tratar cuestiones técnicas previamente acordadas-, mostrar un camino, dar orientaciones de rumbo y destino. Buscar el “máximo común denominador”, y preservar el sentido de comunidad, es decir, de “común-unidad”.

Pero sobretodo, lo ocurrido en la cita debe servir de lección para la que viene, más amplia y difícil, en la que se repiten muchos de los actores: la VII Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe, a celebrarse en Santiago de Chile en enero 2013. Si las razones de las ausencias en Asunción tienen que ver con cálculos coyunturales que supondrían la necesidad de prescindir de Europa, para volcarse al Asia, como dicen algunos analistas, estaríamos en el escenario equivocado y cometiendo un grave error político y estratégico. Esa es la mirada corta que tanto mal nos ha hecho como región. Una inserción inteligente de América latina en la globalidad requiere mirar al largo plazo, estratégicamente, para trabajar una sinergia de relacionamientos -con Estados Unidos, el Asia, Europa-, y no una sustitución de un referente por otro. Menos aún tratándose de Europa, un socio natural con el que hay coincidencias políticas, valóricas e intereses compartidos que deben trascender la coyuntura.

En el pasado reciente Europa ha sido, y sigue siendo, un apoyo en la democratización y el desarrollo de la región, como nuestra primera fuente de cooperación social, científica y tecnológica; primer inversionista y segundo socio comercial. La relación actual con el Asia y China en particular es deseable y conveniente, no como sustitución de una Europa con problemas pero fuerte en sus fundamentos, sino como complemento. De hecho, China es ya el primer socio comercial de Europa. ¿Significa ello que la UE dejará de lado a América latina? Si nosotros insistimos en hacer algo así, habría que ver qué va a pasar en los debates sobre política exterior al interior de la UE, y cuantos Jefes de Estado y de Gobierno europeos estarán dispuestos a venir a la VII Cumbre el 2013. Un alejamiento de ambas regiones no conviene a ninguna de las dos, ni a los equilibrios geopolíticos globales. Pero sin duda menos aún a América Latina.

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domingo, septiembre 25, 2011

A propósito de Europa

Europa, Europa…….

Héctor Casanueva

Director Ejecutivo del Centro latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE). Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia

La paradoja constante parece haberse instalado en Europa, para regocijo de los euroescépticos y preocupación de los europtimistas, de ambos lados del Atlántico, que miramos siempre a Europa como una reserva cultural, guardiana de los derechos humanos, y ejemplo de sensatez política, capaz de preservar la paz, el desarrollo y la cooperación.

Dos hechos se suman a la incertidumbre que hace tiempo se ha instalado en el Viejo Continente sobre su futuro. El relativo cierre de fronteras interiores a las personas (no así a las mercancías), y los vaivenes en la solución de la crisis financiera. El Consejo Europeo hace unos meses abrió la puerta a una modificación del reglamento del Tratado de Schengen, instrumento jurídico creado para garantizar una de las libertades básicas y pilar de la integración, cual es la libre circulación de personas. A raíz de la oleada de inmigrantes del norte de Africa, producto de los acontecimientos del mundo árabe, algunos estados presionaron al resto para condicionar esta libertad. La razón esgrimida es la imposibilidad de contener el paso de los inmigrantes por Europa una vez que han traspasado sus fronteras interiores. Las consecuencias de esta decisión, si bien sujeta a verificaciones y reglas, afectan no solamente a los inmigrantes ilegales o recientes, sino a todo aquel que lo sea, legal o no, puesto que no es posible discriminar a priori quien lo es y quien no. Y afectará igualmente a ciudadanos de los países del Este incorporados a la Unión, a los gitanos de diferentes partes y todo aquel cuyos rasgos físicos hagan "sospechar" que se trata de un inmigrante.

Otro hecho esencial, es el limitado avance en el establecimiento del gobierno económico, destinado originalmente a garantizar la estabilidad económica y financiera, mediante la responsabilidad compartida. Responsabilidad presente ya en Maastricht, como base de la unión económica y monetaria, que ningún país ha cumplido a cabalidad. Los propósitos de Lisboa de aumentar la competitividad y el empleo se han visto mediatizados por estos incumplimientos, cuya máxima expresión es hoy día Grecia, pero que se extiende a los peyorativamente denominados “PIGS” (Portugal, Irlanda, Grecia y España).

Ello es resentido por la ciudadanía, en particular los jóvenes (los mileuristas y los ni-nis, que o ganan apenas mil euros, o ni trabajan ni estudian), indignados en busca de respuestas.

La falta de rigor en la aplicación de los acuerdos de hace una década, sin el compromiso básico de una sociedad, genera estos riesgos y consecuencias, de creciente desafección por el proyecto, el que sin embargo es el que, paradojalmente, aún con sus imperfecciones, ha dado sesenta años de paz y cooperación, y un razonable desarrollo social, económico y científico.

Mala cosa, un paso atrás en la integración europea, que hace meditar sobre la incapacidad comunitaria de articular soluciones viables sin vulnerar los principios esenciales de su proyecto político. Los vaivenes en la solución de la crisis, las decisiones que tardan una enormidad en implementarse, las reticencias a meterse la mano al bolsillo solidariamente, aunque siempre la solidaridad paga para todos, las paradojas de que las grandes empresas tengan grandes excedentes de capital y ganancias, los clubes de fútbol con presupuestos multimillonarios que pagan hasta 200 millones por un jugador, mientras el paro en España llega al 21% y el juvenil al 42%, y en el resto de Europa al 10%, que ya es demasiado. ¿Qué es todo esto? ¿Fatiga institucional? ¿Falta de liderazgo político, o modificación del paradigma?

En América latina estamos confundidos y hasta estupefactos mirando a Europa, por mucho tiempo y desde la segunda postguerra nuestro paradigma de sensatez política, articulación económica y bienestar social.

En Santiago de Chile, hace un par de meses, se reunieron en la CEPAL expertos europeos y latinoamericanos convocados por dos think tanks de las relaciones euro-latinoamericanas (CELARE y Fundación Carolina), para analizar lo que sucede en Europa, sus consecuencias para América latina y el contexto estratégico global. Lo mismo están haciendo otras redes de académicos eurolatinoamericanas, en Argentina, en Uruguay, en Brasil, Ecuador, no solo para comprendser lo que pasa allí, sino para ver si juntos podemos articular propuestas que hacer llegar a los tomadores de decisiones y al sistema internacional, que ayuden a perfilar soluciones. Un aporte desde la sociedad civil, ante la fatiga de Europa, que es mal ejemplo para nosotros. Tal vez sea América latina un aliado para darle vitalidad, en una asociación de actores globales, como la ha llamado el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, que deberíamos explicitar y concretar claramente en la próxima Cumbre UE-ALC de Santiago de Chile de 2012.

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¿Hacia dónde quiere ir Europa?

Este texto corresponde a la Introducción del libro “EUROPA FRENTE A EUROPA”, editado por el Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Concepción (Chile), mayo de 2010

¿HACIA DÓNDE QUIERE IR EUROPA?

Héctor Casanueva

Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE). Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia (UPV)

No podemos dejar de pensar con el título de este libro en Alicia frente al espejo. Pero también podríamos pensar en ese diálogo de Alicia con el gato de Chesire:

Pregunta Alicia: “¿Qué camino debo seguir?

Contrapregunta el gato: “¿Hacia dónde quieres ir?”.

Dice ella: “No lo se en realidad”.

Sentencia el gato: “Entonces da lo mismo el camino”.

¿Sabe Europa hacia donde quiere ir?

Desde luego, sabe muy bien de donde viene, y por ello sabe muy bien hacia donde NO quiere ir, dada la experiencia de confrontación vivida con las dos últimas guerras mundiales, las más cercanas de la ex Yugoslavia o las aún latentes en la Federación Rusa post desmantelamiento de la Unión Soviética. La Europa-Alicia respondió bien en su momento a la pregunta sobre hacia donde quería ir: hacia una zona de paz. Y entonces el camino a seguir estaba claro: la integración. O a la inversa: quería ir hacia la integración, y el camino era la paz. Nuevamente, el espejo.

La paz y la cooperación han sido la base de la construcción de la Europa comunitaria, un proceso que ha eliminado prácticamente las hipótesis de conflicto entre estados dentro de sus fronteras.

Los Panzers y soldados alemanes desfilando en los campos Elíseos el 14 de julio de 1994 junto a las fuerzas armadas francesas, iniciativa conjunta de Kohl y Mitterrand -que por supuesto no fue unánimemente comprendida- significó todo un símbolo, muy oportuno además por el momento que vivía el proceso de integración, y puso de manifiesto de manera inequívoca la voluntad política de sepultar de una vez divisiones centenarias, pero sobretodo de que las personas quieren paz, que es la condición necesaria para el desarrollo.

Panzers en Les Champs Elysées después de cincuenta años, quién lo podía creer. Menos aún por estos lados, en nuestra región, cuando aún no restañamos las heridas ni dejamos de lado los agravios y viejos rencores de hace un siglo y medio.

La Unión Europea se ha ido haciendo a base de símbolos, de ideas-fuerza, de retórica, de liderazgos, de avances y retrocesos, de burocracias abultadas y profesionales creativos, de complementariedades y competencia, de compromisos e incomprensiones, de sinergias y fuerzas centrífugas contenidas, de gente que se desplaza, de inmigrantes que llegan a como de lugar, de alianzas transnacionales y guerra fría, de culpas y catarsis, todo ello a la vez, en un proceso extremadamente complejo, pero con una extraordinaria voluntad política y una simplicidad de fondo: la unión hace la fuerza, y la fuerza compartida, potenciada gracias a la cooperación, hace la integración, y la integración es, nuevamente, la paz.

Europa supo después de la segunda gran guerra adonde quería ir, y eligió el camino consecuente.

¿Sabe ahora hacia dónde quiere ir?

Europa frente a Europa, se mira al espejo y no sabe con certeza qué hay tras el espejo. Es que las certezas ya no existen, y el futuro no es lo que era.

Pero, sigamos con las referencias a cuentos que nos trasmiten sabiduría y sensatez: ya no se ven entre los árboles las orejas del lobo de la guerra, así que podemos jugar otra vez desaprensivamente, o sea, podemos por ejemplo poner en tensión la institucionalidad comunitaria expulsando a una etnia, los gitanos, no importa lo que diga el Consejo Europeo o la condena del Parlamento y de millones de ciudadanos conscientes. Podemos exacerbar la xenofobia y el racismo, y expulsar a los extranjeros. Podemos negar la realidad y bloquear las reformas que asegurarán la sostenibilidad de las pensiones. Podemos cerrar los ojos ante de la globalización y la creciente competitividad de China e India. También podemos ignorar a las demás culturas y religiones que están dentro y fuera de las fronteras. Podemos reinstalar la idea de la fortaleza europea para resolver los males que nos aquejan, que son culpa del empedrado externo. Podemos, en fin, olvidar de donde venimos, porque ya habríamos llegado.

Sin embargo no es así. Las enormes dificultades que tuvo la aprobación del Tratado de Lisboa, considerado por sus opositores como intervencionista o inútil, o las dos cosas, son demostrativas de que algo no funciona bien en el proceso de integración. Porque este Tratado, que pretende dar el impulso político y enmarcar institucionalmente una estrategia de largo plazo para la competitividad, el crecimiento y el empleo, marca un rumbo no suficientemente comprendido por los ciudadanos, y ni siquiera por muchos políticos. Tampoco por algunos de los nuevos países miembros, díscolos a la hora de darle su respaldo. Pero también es cierto que el Tratado y la estrategia de Lisboa no son suficientes para mostrar el punto de llegada, o sea, para mostrar hacia donde quiere ir Europa ahora, en este Siglo XXI de tantas incertidumbres y a la vez de tantas oportunidades. Tan es así, que en simultáneo con el lanzamiento de la estrategia y del Tratado mismo, hace unos años, el Consejo encargó al llamado exageradamente “Grupo de Sabios”, coordinado por Felipe González, que prefiere llamarlo “Grupo de Reflexión”, la elaboración de un documento sobre la Europa del futuro, que debía entregar luces sobre hacia donde se quiere ir y como. Por su parte la Comisión, presidida por Durao Barroso, inició un estudio sobre la Estrategia 2020 y otro, menos publicitado pero sin dudas de igual calado, sobre la situación de la seguridad social en el horizonte del 2060.

Los tres documentos son relevantes, y fueron presentados públicamente en el primer semestre de este año. Incluso, significativamente, el Informe sobre la Europa 2030 fue entregado al presidente Rompuy el mismo día en que se celebraban los sesenta años de la Declaración Schuman. Los tres documentos -a los que sumaría por su importancia estratégica la comunicación de la Comisión sobre la asociación con América latina como “actores globales”, ratificada en la VI Cumbre de Madrid, y la Resolución del Parlamento Europeo sobre las relaciones con América latina- son complementarios y revelan una voluntad política de la dirigencia europea y de la opinión ilustrada. Representan una toma de conciencia de lo que está en juego en el mundo, del terreno resbaladizo de la era global en el que a todos nos toca movernos hoy, de que los viejos paradigmas -y las viejas estructuras sociales, del estado, de la economía, de las comunicaciones- ya no sirven o sirven muy poco y solo en todo caso para construir a partir de ellos los nuevos paradigmas y el nuevo orden social a escala global.

Pero esta toma de conciencia, si bien es un paso, y las propuestas que de ella se derivan son un camino para fortalecer Europa, no es suficiente. Caracterizan autocríticamente la realidad, el entorno y proponen un camino. Pero subsiste la pregunta:

-¿Hacia dónde quieres ir?

El análisis de los documentos citados podría conducir a una respuesta: queremos ir hacia más Europa. Es decir, hacia una profundización de la integración, un reforzamiento de las instituciones, más ciudadanía y cultura europea, más sostenibilidad del Estado del Bienestar -Felipe González propone, acertadamente, cambiar el concepto por “sociedad del bienestar”, cambiando el eje de la responsabilidad hacia todos y no sólo hacia el ente llamado Estado- más cooperación, desarrollo y una paz permanente.

Más Europa significa también y fundamentalmente preservar los valores que dieron origen a lo que conocemos como cultura europea: los derechos humanos, la solidaridad, la cooperación internacional. Ello contrasta, sin embargo, con las conductas divergentes de muchos ciudadanos y políticos, porque no todos están entendiendo lo mismo. Unos consideran que más Europa se construye de puertas adentro, en oposición a un entorno que se percibe hostil y amenazante. Otros, como los autores de estos informes y muchos analistas, consideran que más Europa significa fortalecerse internamente abriéndose al entorno, situándose en él para asegurar que el nuevo orden mundial se construya con los valores europeos. Dicho de otro modo: la única forma de fortalecer a Europa es que la globalización adopte los valores europeos. Esto, que puede ser acusado, como antaño, de eurocentrista y a eso tendrán que responder sus líderes, tiene toda lógica: la permeabilidad de los sistemas políticos, económicos y de la propia cultura es una tónica de la era global. Construir la nueva Europa, o la Europa del futuro, o refundarla, como dice González, parapetados en las fronteras como si estuviéramos en el siglo XIX, cuando el siglo XXI ya nos trajo dos crisis globales y un fundamentalismo desafiante y agresivo, es insensato, y lo que corresponde a la Unión Europea es contribuir con su liderazgo conceptual y el desarrollo de su competitividad sistémica a la creación de un mundo nuevo, una comunidad global con una arquitectura institucional que garantice la gobernanza, la cooperación y una sociedad del bienestar global, para segurar su presente y su futuro.

¿Hacia donde quieres ir?

La respuesta parece ser, entonces, hacia un nuevo mundo -fundamentos para ello podemos encontrar en los artículos de este libro- y el camino sería el de las alianzas globales, como la propuesta en Madrid con América latina -hoy la región que mejor parada está ante las crisis sistémicas-; como la nueva alianza transatlántica que se propone con Estados Unidos; como la alianza euromediterranea; la cooperación con China; la convivencia cooperativa con Rusia. Pero el camino también pasa por el diálogo inter-religioso, abrirse a la interculturalidad e incluso, aunque resulte temerario plantearlo, a una redefinición de Europa sin olvidar las raíces y distintas visiones que han alimentado su identidad.

¿Qué falta para tener la respuesta completa y el compromiso de todos, como pide el Informe del 2030?

Faltan todavía los ciudadanos, ampliar los espacios de participación, intensificar la llegada a los hogares, a las escuelas, universidades, sindicatos, en una labor de sensibilización que es un imperativo para los líderes, un desafío de pedagogía social y política que falta acometer con más fuerza, para abrir las conciencias y las voluntades a la comprensión de que el futuro es global, y en esa construcción Europa debe participar en su propio interés y en el de la comunidad internacional.

En esta línea, “Europa frente a Europa” reúne aportes desde diferentes disciplinas y miradas, que convergen en lo central: en el desafío contemporáneo que se le presenta al continente, empezando por mirarse a sí misma en un espejo que no le devuelve la imagen de hace sesenta años y ni siquiera la actual, sino una imagen difusa que sólo es posible ver con claridad traspasándolo.

Santiago, septiembre de 2010


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viernes, mayo 27, 2011

Sobre las calificadoras de riesgo y la crisis financiera

Calificadoras: Quis custodiet ipsos custodes?

Héctor Casanueva

Hace unos días nos enteramos que la calificadora de riesgos Standard & Poor´s envió una “señal” sobre la economía de Estados Unidos, manteniendo su rating de deuda pero bajando la perspectiva a negativa, lo que de inmediato hizo caer las principales bolsas del mundo, afectando también al dólar. Lo hizo dando por supuesta una incapacidad de los congresistas para ponerse de acuerdo con respecto al presupuesto federal en el 2013. En Europa, los gobiernos de España, Portugal, Irlanda, Grecia, y otros que no se muestran tanto, pero que también están en la misma, viven en la cuerda floja, atentos a lo que puedan decir las calificadoras sobre su deuda, la solvencia, las perspectivas, y todo aquello que tenga que ver con la estabilidad económica y financiera, incluidos los avatares políticos, como la reciente elección en Finlandia y su disputa con el Reino Unido por la crisis de los bancos. Hace unas semanas, la ministra de economía española debió dar latas explicaciones ante las dudas sembradas por “el mercado” -o sea, por sus monitores- sobre la capacidad del país para sortear la crisis. Y un día sí y otro también, vemos en la TV a Merkel, Sarkozy, Cameron y otros líderes luchando con este quinto poder, que se sirve, además, del cuarto poder -la prensa- para difundir sus análisis.

Hay varias cosas que comentar sobre esto, a propósito del enorme poder que ejercen actualmente dichas compañías, que parecen tener al mundo en sus manos. Una “señal”, o peor, una “baja” decidida por ellas en la clasificación de la deuda soberana de un país -especialmente si es uno de los grandes- hace caer las bolsas, siembra dudas y repercute en cosas concretas, como las inversiones, el empleo, y otros efectos que llegan hasta hacer caer gobiernos, como de manera indirecta ocurrió en Portugal e Irlanda.

¿Son las clasificadoras de riesgo los vigilantes globales del comportamiento de los gobiernos? Y si eso es así, Quis custodiet ipsos custodes? O sea, ¿Quién vigila al vigilante?, pregunta fundamental de la gobernabilidad, ya planteada por Sócrates, según Platón.

En primer lugar, el vigilante debe ser “empoderado”, como se dice ahora, por quien lo instituye como tal. ¿Quién empoderó a las clasificadoras? Yo, desde luego, no, a pesar que como ciudadano tengo derechos y obligaciones con respecto a la gobernabilidad de mi país, y por extensión, del sistema internacional. ¿Los gobiernos?, no me parece, porque se limitan a registrar legalmente su existencia si cumplen con los procedimientos de derecho común al efecto. ¿El Estado? Por ahí nos vamos acercando, pues las clasificadoras -o sea, los vigilantes- funcionan, o deberían funcionar, según las leyes y reglas fijadas por los parlamentos y hechas cumplir por los administradores públicos y, si se vulneran, sancionadas por el poder judicial. Es decir, que estos entes que hemos apañado legalmente, operan conforme a leyes cuyos límites ha fijado el Estado. ¿Pero, pueden tener tanto poder como el que ejercen, si respetan las leyes y regulaciones que el Estado les ha impuesto? Cabe preguntarse entonces ¿Es suficiente la regulación por parte del poder político estatal y del sistema internacional, o este también ha sido seducido ya sea ideológica o materialmente? Vamos más allá entonces, porque así solo no se explica. ¿El mercado? Parece que por ahí nos acercamos más al punto, ya que el capitalismo financiero Siglo XXI -o sea, el mercado del dinero globalizado- vive de la especulación, que como señala la Real Academia significa, entre otras acepciones, “efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios. Más tajante es mi ex profesor en la Universidad Politécnica de Madrid, Ramón Tamames, que en su Diccionario de Economía (Alianza Editorial, 1992), señala: “Alza del valor de las cosas que promueven los vendedores aprovechando su escasez o sirviéndose de información confidencial en la bolsa, para lograr el máximo beneficio propio, en muchos casos con el perjuicio de los terceros que padecen el encarecimiento así generado”. ¿Suena familiar? Así es, hemos llegado a un punto en que el mercado, originalmente virtuoso en la concepción de Adam Smith, se ha transformado en un mal asignador de recursos, costos y beneficios, al amparar a los “especuladores” bajo el paraguas de una libre competencia que ya pasó de la producción e intercambio de bienes y servicios, hacia la producción e intercambio de expectativas. ¿Cómo se transan bienes y servicios, y se establecen los costos y precios? Es fácil saberlo. Pero no es fácil cuando se trata de vender expectativas, como es el caso de la especulación financiera. Entonces el papel que cumple en el caso de bienes y servicios la publicidad y el marketing, es reemplazado por los trascendidos, la “inside information”, o directamente las conferencias de economistas taquilleros vinculados a las calificadoras. Y ahí está el peligro, porque la opacidad de gabinetes y departamentos de estudio de estas compañías -ya hace tiempo cuestionados por estar generalmente integrados por jóvenes inexpertos, con grados universitarios superlativos, que además son impunes ante sus errores- permite cualquier cosa. Miremos un solo ejemplo: la montaña rusa de los bonos de las economías europeas en los últimos seis meses, que al ritmo de las calificadoras un día parecen en la bancarrota, y al siguiente con notables mejorías. En la pasada, los avispados hacen pingües ganancias. Quis custodiet ipsos custodes? preguntaba también el satírico romano Juvenal, a propósito de quienes estaban al cuidado de las mujeres, lamentando que los custodios se las arreglaran para aprovecharse de ellas. ¿Algún parecido?

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sábado, septiembre 18, 2010

Europa y las migraciones: una paradoja

Europa y las migraciones: una paradoja
Héctor Casanueva

(Publicado en AMÉRICA ECONOMÍA, septiembre 2010)
La Unión Europea vive en una constante paradoja frente a la inmigración. Es difícil comprender la expulsión de los gitanos en Francia o las leyes represivas de Italia, por citar un par de casos, cuando Europa necesita cada vez más inmigrantes para mantener y llevar el crecimiento económico a los niveles que le permitan competir globalmente y financiar la seguridad social.

Actualmente hay una persona mayor de 65 años por cada cuatro económicamente activas, pero en 2050 cuatro trabajadores contribuyentes deberán sostener a tres jubilados. Por eso, sólo en el caso de Alemania los cálculos indican que necesita incorporar 500 mil inmigrantes anuales, y en toda Europa, de mantenerse constantes los indicadores -o sea, si no se hace nada- el número de trabajadores se reducirá en 68 millones en cuarenta años más. La Comisión Europea acaba de poner en discusión el documento “Hacia un sistema europeo de pensiones adecuado, sustentable y seguro”, con escenarios al 2060 que combinan la postergación de la edad de jubilación, el aumento de las cotizaciones y sistemas híbridos entre acumulación y capitalización -todas ellas son medidas muy resistidas- los que en cualquier caso llevan a concluir que se necesita recibir en los próximos años a millones de inmigrantes. De hecho, el informe oficial del denominado “Grupo de Reflexión sobre el futuro de la UE 2030” menciona la cifra de 100 millones, y es enfático en afirmar que para enfrentar “el reto demográfico” es imprescindible incrementar la fuerza de trabajo y adoptar una política migratoria equilibrada, justa y “anticipatoria”.

En una Europa que envejece, con una expectativa de vida que aumentó en siete años en las últimas décadas, pero que hacia mitad de siglo aumentará en diez o quince años más, los inmigrantes aportan juventud y fuerza laboral, ya que actualmente su promedio de edad es de 34 años, frente a los 41,2 años de los autóctonos. Según el Banco de España, los inmigrantes contribuyen con la mitad de la tasa de crecimiento del PIB, o sea, si crece al 2%, un 1% es aportado por el trabajo, el consumo y los impuestos que pagan los inmigrantes. Es de suponer que esto también ocurre en los demás países. Asimismo, como el informe antes citado señala, las migraciones aportan la diversidad necesaria para estimular la creatividad y la innovación, base de la competitividad.

La UE está frente a un dilema mayor, de cara a la nueva correlación geopolítica y geoeconómica mundial: si se imponen las visiones restrictivas y proteccionistas, las posibilidades de ser un actor relevante en el contexto global irán disminuyendo progresivamente, porque sin inmigración no podrá sostener el crecimiento, atender a sus adultos mayores ni competir con Estados Unidos o el Asia. Esto no será bueno para Europa y tampoco para los equilibrios globales en el nuevo orden internacional.

La controversia actual sobre este tema entre algunos gobiernos de los estados miembros, los órganos supranacionales de la UE y la sociedad civil organizada, tensiona también las bases de la integración y su institucionalidad. Hay que ver de qué manera lo comunitario logra imponerse, tarea que pone a prueba, una vez más, la visión estratégica y la capacidad política de sus líderes. Por nuestra parte, debemos mirar atentamente ese proceso, tanto por las similitudes en cuanto al reto demográfico –de hecho en Chile y otros países latinoamericanos ya se vive un fenómeno de estancamiento demográfico y aumento de la expectativa de vida que ponen en riesgo la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social- como porque la UE es un socio estratégico cuya fortaleza o debilidad también nos concierne.

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sábado, julio 03, 2010

A propósito de la Cumbre del G-20 en Toronto 2010

Gobernabilidad mundial: ¿dónde está el piloto?
Héctor Casanueva
(Publicado por el diario electrónico EL MOSTRADOR, Santiago de Chile, 2 de julio de 2010)
“Paren el mundo, que me quiero bajar”, gritaba Mafalda hace unos años desde su viñeta. “¿Dónde está el piloto?”, preguntaba una película de los ochenta ante el caos de un vuelo lleno de problemas y sin conducción. Cualquier parecido con la realidad siglo XXI es absolutamente deliberado, y nada mejor para darse cuenta de ello, que las recientes tres cumbres que han reunido prácticamente al ochenta por ciento del producto, de la población, del comercio y de la conducción política del mundo.
Primero fue la Cumbre de Madrid el mes pasado entre Europa y América Latina, con sesenta países que representan mil millones de personas, de dos continentes que están, uno en el primer mundo, y el otro en la clase media planetaria. Luego, en Toronto hace unos días, la Cumbre del G-8, o sea, la crème de la crème de todo. Y finalmente la Cumbre del G-20, o sea, el grupo de los ocho más los emergentes invitados a la mesa, algunos de estos no se sabe muy bien por qué.
Vamos viendo: en la Cumbre de Madrid, según comentamos hace unas semanas en estas mismas páginas, se produjeron importantes avances en la continuidad de la relación euro-latinoamericana, promisorios acuerdos de asociación y nuevos impulsos en materia comercial y de cooperación. Bien por eso. Y en materia política, vimos tal vez por primera vez un consenso completo y voluntarioso sobre la necesidad de actuar unidos ante la crisis, y sobretodo de abordar en conjunto la gobernabilidad global en las áreas esenciales: flujos financieros, cambio climático, sustentabilidad del desarrollo, amenazas a la seguridad internacional y personal.
No obstante, a poco andar, nos encontramos con que dicha voluntad no se ve plasmada en los hechos cuando es sometida a prueba. Algunos botones de muestra: pocos días después de la cita de Madrid, Zapatero, presidente de turno de la UE, desiste de viajar a Brasil al III Foro de la Alianza de las Civilizaciones -por él mismo promovido- tema clave para la gobernabilidad mundial. Razones internas relacionadas con la crisis económica explican la ausencia y se puede comprender, pero justamente las agendas nacionales urgentes postergan siempre las agendas globales, y ese será un boomerang que muy pronto regresará desde lo global. Otro botón: en el seno del G-20 no fue posible concordar entre los países de la UE y de América Latina sobre las medidas preventivas y paliativas ante la crisis financiera, volviendo entonces al expediente del sálvese quien pueda y las políticas nacionales.
Por su parte, la Cumbre del G-8 ha resultado del todo inútil, y todos los temas en definitiva regresan a las mesas nacionales o bilaterales. Según apunta Antonio Caño en El País, una ONG canadiense contabiliza 3 mil acuerdos del G-8 desde su creación hace 35 años, que no han tenido seguimiento ni verificación. Es lo que reclamaba Sarkozy en Madrid en la Cumbre UE-ALC, pero sin eco por lo visto. Y en cuanto al G-20, el principal motivo para reunirse, el de la gobernabilidad financiera, ha quedado descafeinado, no se resolvió el dilema (falso por lo demás) entre ajuste o crecimiento y el tratamiento de la reforma del sistema y del FMI es postergado a la próxima cita. Lo peor es que se siguen dejando a cada país las medidas, como si la economía de hoy se hubiera desglobalizado, cuando la crisis del 2008, la propia realidad de la UE y las recientes medidas de China no estuvieran gritando lo contrario.
Nuevamente la retórica supera a la voluntad política, y la acción actual, potencial y prospectiva deja mucho que desear comparada con la urgencia manifiesta de un liderazgo global que nos muestre una meta definida para esta nueva era de la humanidad, más allá de la coyuntura, un camino viable, un derrotero claro y una institucionalidad común que conduzca el proceso. Uno puede entender el desconcierto ante crisis que se han venido encima casi sin aviso, como la asiática, la de las hipotecas o la del euro. Pero de eso se trata la política, de saber enfrentar las crisis, anticiparlas y gobernarlas, para eso son elegidos los líderes, y para eso hay un cierto voto de confianza global en aquellos más connotados de las potencias centrales.
O sea, aquellos que están en el G-8 y el G-20.
De las tres crisis mencionadas, América Latina las ha sufrido, pero no las ha causado, y ha sabido manejarlas cada vez mejor. ¿Será posible que por segunda vez nuestra región salvará la globalización? (La primera, ya sabemos, fue gracias a la colonización y explotación europea de nuestras riquezas, que financiaron al viejo continente –y por tanto a la globalización occidental de entonces- por varios siglos) No es aventurado decirlo, porque junto a un responsable manejo fiscal, políticas sociales razonables y -pese a todo, estabilidad democrática como nunca antes- Latinoamérica cuenta además con los recursos naturales que el mundo necesita cada vez más y un territorio capaz de albergar y alimentar potencialmente a cuatro veces la población actual. Sólo nos falta un proyecto de integración moderno y competitivo, y para allá vamos, o deberíamos ir. Si nos atenemos a lo ocurrido esta semana en Toronto, el mundo estaría regresando al Siglo XIX: estados nacionales desvinculados, bilateralismo, proteccionismo, y ese es el escenario que debemos tratar de cambiar, desde nuestras ahora no tan modestas posibilidades. Por el momento, la única gobernabilidad mundial existente, efectiva y sin apelación, pertenece a la FIFA.

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A PROPÓSITO DE LA VI CUMBRE UE-ALC DE MADRID

A propósito de la VI Cumbre UE-ALC de Madrid
El gran desafío eurolatinoamericano
Héctor Casanueva
(Publicado por El Mostrador, Santiago de Chile, 30 mayo 2010)

Visto en clave estratégica, más allá de importantes compromisos concretos, acuerdos comerciales suscritos, relanzamiento de negociaciones y programas de cooperación reforzados, lo más destacable de la reciente VI Cumbre Unión Europea-América latina y el Caribe celebrada en Madrid, es el consenso alcanzado en el terreno político, pues en definitiva las crisis financieras, ambientales o de seguridad globales derivan de debilidades políticas.
En cuanto a la línea de continuidad de la llamada “asociación estratégica” iniciada hace diez años, la reciente Cumbre cumplió sus objetivos, y se ha logrado dar una mayor concreción a los propósitos acordados hace dos años en la Cumbre de Lima.
Pero lo que deseo destacar es que en esta Cumbre hubo un acuerdo total sobre la necesidad de entrar conjuntamente en el diseño y puesta en marcha de una nueva gobernanza mundial, una nueva arquitectura financiera, regulaciones globales para frenar la especulación, y aumentar la cooperación para enfrentar el cambio climático, la sustentabilidad del desarrollo, la energía, las migraciones, la seguridad, el comercio, etc.
El propósito no es nuevo, pero la determinación y la voluntad política esta vez, a mi juicio, lo son, ya que las orejas del lobo del caos global están hoy muy visibles en Europa y no desaparecen, y en América latina, si bien la última crisis financiera fue sorteada mejor, la región no está libre de nuevos contagios. Y porque (¡Oh descubrimiento!) juntos tenemos la capacidad de condicionar las decisiones globales pues unidos somos prácticamente la mitad, y el grupo más cohesionado del G-20, un cuarto del PIB y un tercio del comercio mundial, 1.000 millones de personas, y, en clave de futuro, tenemos las mayores reservas de recursos naturales y a la vez la capacidad tecnológica para utilizarlos debidamente.
Está por verse si la voluntad política es capaz de vencer el cortoplacismo y la inmediatez, como exige para Europa el filósofo alemán Habermas en un reciente artículo.
En el plenario, durante el debate general de los presidentes, Sarkozi y Lula insistieron con firmeza en que las decisiones hay que ponerlas en práctica de una vez por todas, sincerando y poniendo al día las agendas y los instrumentos, expresando al más alto nivel esta voluntad política en los organismos multilaterales, en Naciones Unidas, en el G-20 y las instancias de integración.
Considerando lo expresado por los presidentes en el debate a puertas cerradas en el plenario de la Cumbre, a partir de ahora, y dada la actual coyuntura internacional que nos deja ver una amenazadora crisis sistémica, América latina y la UE no tienen excusas para dejar de abordar en conjunto los desafíos globales presentes y futuros.
Creo que de verdad entramos en una nueva etapa. Si la vamos concretando, no será sólo en beneficio mutuo, sino, en una mirada más amplia, será también un aporte a los equilibrios globales con los Estados Unidos y el Asia.
Está por verse si la voluntad política es capaz de vencer el cortoplacismo y la inmediatez, como exige para Europa el filósofo alemán Habermas en un reciente artículo, y que se puede extrapolar para todo el mundo. La Unión Europea suma dificultades, pues a la aún no suficientemente afiatada ampliación y en los inicios de una nueva estructura institucional derivada del Tratado de Lisboa, que está por probarse, añade crisis financieras, de competitividad, de inserción global y de profundidad democrática en las decisiones. Por su parte, América latina sufre ciertas fracturas y disensos de sentido, de modelo y de agenda, junto a una errática y disfuncional arquitectura institucional de la integración. Esta realidad que aqueja a cada región en lo suyo, puede ser, o una barrera infranqueable para cumplir el compromiso de Madrid, o bien el acicate definitivo que faltaba para ir adelante. El dilema requiere de una decisión política, que al menos en el discurso, existe. Ante tamaño desafío eurolatinoamericano, los ciudadanos iremos viendo, aportando y exigiendo. También lo harán los parlamentarios de ambas regiones unidos en la Asamblea Eurolat.
Esperemos que no se cumpla la sentencia que dice que el hombre nunca está a la altura de su retórica.

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martes, mayo 11, 2010

¿QUÉ PUEDE CELEBRAR EUROPA?

¿QUÉ PUEDE CELEBRAR EUROPA?
Héctor Casanueva
Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE)

El Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa, creado por la autoridad comunitaria en 2007, integrado por altas personalidades políticas y privadas, presidido por Felipe González, acaba de presentar su crítico y preocupante informe en Bruselas, justo cuando este 9 de mayo se celebra el “Día de Europa”. Recordemos que en esa fecha de 1950, el ministro francés Robert Schuman llamó a la creación de la comunidad del carbón y el acero entre Alemania y Francia, iniciando el camino hacia la Unión Europea. Sesenta años después la UE enfrenta una difícil coyuntura y un incierto porvenir. La tragedia griega, dudas sobre la solvencia de España, Portugal e Irlanda, fallas de gestión reveladas por la erupción del Eyjafjalla, desempleo, crisis de la seguridad social, incumplimiento de los parámetros de convergencia, pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y el Asia, son situaciones que hacen crecer la desafección de los ciudadanos a la integración y alimentan el discurso de los euroescépticos.

En estas circunstancias, ¿qué puede celebrar Europa en este nuevo aniversario de la “Declaración Schuman”? Mucho, pese a todo. Primero, sesenta y cinco años de paz y el fin de la división del continente, frutos indudables de la integración, que fue creando un entramado de relaciones que hicieran imposible una conflagración como las dos últimas vividas, y condiciones objetivas para la caída de la cortina de hierro. ¿Qué más? La vigencia y extensión de los derechos humanos, y una efectiva protección a los ciudadanos tutelada por la institución del Defensor del Pueblo y amparada por órganos jurisdiccionales comunitarios que impiden o penalizan, de manera vinculante, cualquier arbitrariedad cometida desde el poder. También la diversidad cultural y trasmisión de conocimientos fomentada por programas como Erasmus, cuyo horizonte es de tres millones de estudiantes universitarios cursando estudios en otros países de Europa, o Leonardo da Vinci, con ochenta mil personas anuales haciendo prácticas en empresas de otro país. Desde la creación del mercado único, es notable la convergencia en los ingresos y el nivel de vida de los países menos desarrollados hacia la media europea, el crecimiento de la infraestructura física y digital, la reducción de la pobreza, las supercarreteras de la información, los derechos del consumidor, la movilidad laboral y el derecho de establecimiento, la protección comunitaria a la libre competencia, las sinergias para la investigación en ciencia y tecnología -uno de los frutos es el programa ESO, que acaba de asignar a Chile el mayor telescopio del mundo- y un largo listado de logros derivados de las ventajas de la integración. Desde luego hay más temas pendientes, y el informe del Grupo de Reflexión lo señala, como las migraciones y la ampliación de la Europa de los ciudadanos, y queda mucho por avanzar según la llamada Estrategia de Lisboa para la estabilidad, la competitividad y el empleo. Pero la acción comunitaria ante la última crisis financiera, y el rescate a Grecia con 150.000 millones de dólares, aceptadas las duras condiciones impuestas para vencer la reticencia alemana, señalan que la voluntad política común va por afianzar la integración y su principio básico: solidaridades concretas. Queda por abordar una profunda reforma estructural para profundizar el proceso, hacerlo más compatible con la nueva realidad del Siglo XXI sin abandonar los principios básicos que le dieron origen. Porque la evidencia demuestra que de todas maneras, gracias a la integración, la UE es la mayor potencia comercial del mundo, el mayor donante de ayuda al desarrollo y el mayor mercado occidental. Chile en buena hora esta asociado a la UE mediante un Tratado amplio que comprende cooperación, diálogo político y libre comercio, y que ahora se proyecta hacia América Latina. Asimismo, América latina desde hace 10 años avanza en la llamada asociación estratégica con la UE, traducida en una agenda amplia, que será sometida a revisión en pocos días más en la cumbre de los sesenta Jefes de Estado y de Gobierno de ambas regiones a efectuarse en Madrid. Si hubiera que sintetizar lo que la UE significa como proceso de integración exitoso, podríamos decir que se basa en tres pilares y un método. Los pilares: la democracia, el libre mercado, y una institucionalidad común. El método: la gradualidad, en pasos incrementales apoyados por una voluntad política comprometida con hacerlos irreversibles. Interesante para nosotros, que llevamos doscientos años de integración a medias.

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sábado, abril 17, 2010

EUROPA SE PROYECTA AL 2020-2030 ¿Y NOSOTROS?

EUROPA SE PROYECTA AL 2020-2030 ¿Y NOSOTROS?
Héctor Casanueva

El análisis prospectivo y la creación de escenarios de futuro han vuelto con fuerza a las mesas de trabajo de los líderes políticos en Europa, Estados Unidos y el Asia, como también en la OCDE, la UNESCO y otros organismos internacionales. Esta ciencia, o método (se discute si la prospectiva es propiamente una ciencia o un método), contribuye a reducir la incertidumbre y gestionar el futuro, y en tal sentido es una herramienta política esencial en nuestro tiempo. Es diferente de la planificación, aunque la integra, en cuanto no se trata de la creación de escenarios a partir de la proyección lineal de la realidad presente, sino de generar una “visión” anticipatoria (“foresight”) de una realidad posible situada en el largo plazo. Contribuyen fuertemente a ello organizaciones internacionales no gubernamentales como The Millennium Project; la World Future Society o The Challenge Forum.

Pues bien, en diciembre de 2007 el Consejo Europeo, máximo órgano de gobierno de la UE integrado por los jefes de estado y de gobierno de los 27 países, estableció un grupo de reflexión sobre el horizonte europeo 2020-2030, presidido por Felipe González e integrado por altas personalidades de la Unión. Fijó como parámetros el fortalecimiento y la modernización del modelo europeo económico y de responsabilidad social, la mejora de la competitividad de la UE, el Estado de derecho, el desarrollo sostenible, la estabilidad mundial, las migraciones, la energía y la protección del clima, así como la lucha contra la inseguridad mundial, la delincuencia internacional y el terrorismo, prestando particular atención a los modos de entrar mejor en contacto con los ciudadanos y responder a sus expectativas y necesidades. El grupo deberá presentar sus conclusiones en junio de este año. Por su parte, la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, presentó a consideración del Consejo un documento estableciendo metas específicas al 2020 (“Europa 2020, una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo”) que deberían ser abordadas para la competitividad, el empleo y el medio ambiente. El Consejo en su reciente reunión de finales de marzo analizó esta propuesta y fijó el calendario para su aprobación, previa consulta abierta a los ciudadanos. Cabe señalar que también los líderes europeos acordaron celebrar un Consejo Europeo en septiembre próximo, con sus ministros de RR.EE., para examinar la manera en que la UE se conectará con sus socios estratégicos para coordinarse en los temas globales. De nuestra región, dos países, Brasil y México, tienen el estatus de socios estratégicos de la UE.

Esta estrategia europea reviste un claro interés para América Latina, pues la UE es el principal inversionista, socio comercial y cooperante de nuestra región, de manera que nuestros centros académicos y los departamentos de estudio de empresas, entidades financieras y del estado deberían estar atentos a las conclusiones del grupo 2020-2030 y las decisiones que se adopten en ese marco. Asimismo, esta forma de gestión del futuro es sin duda un valioso referente sobre como es posible avanzar en objetivos comunes de desarrollo en el marco de un proceso de integración, toda vez que lo que marca nuestra Era es la necesidad de una progresiva convergencia en el largo plazo de las regiones y países hacia un escenario global interdependiente que debería construirse entre todos.

¿Y nosotros, en América latina? Cabe decir a este respecto que la prospectiva y los estudios de futuro han estado presentes en universidades de algunos países, y en ciertas redes académicas regionales, lideradas principalmente por especialistas colombianos y argentinos, y en algunos encuentros y documentos patrocinados por la CEPAL. La propia UE apoyó en el 2000 el estudio “América latina 2020”, liderado por la asociación española AIETI, junto a ONGs italianas y latinoamericanas. Asimismo, la Red Latinoamericana de Prospectiva puso en marcha reuniones y seminarios en varios países, y patrocinó una publicación llamada también “América latina 2020”. La Secretaría del Convenio Andrés Bello por su parte patrocinó un estudio y publicación sobre prospectiva tecnológica en América latina. Hay asimismo iniciativas como “Perú 2020” del Consorcio de Universidades del Perú, o la propuesta “México 2030” de la presidencia de México. Argentina, en época de Perón, puso en marcha un grupo de trabajo prospectivo para analizar escenarios post Segunda Guerra mundial, anticipatorio de una posible tercera guerra que se veía como posible. Hay muchos trabajos del profesor Miguel Ángel Gutiérrez del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva sobre la educación superior en el futuro de América Latina, o de José Cordeiro de la Sociedad Mundial del Futuro en Venezuela. En Estados Unidos la Central de Inteligencia (CIA) ha hecho análisis prospectivos y construido escenarios de futuro para la región. En Chile hace muchos años existió una unidad de prospectiva en Mideplan, hay una iniciativa “Valdivia 2020”, también un estudio del Colegio de Ingenieros sobre Chile 2020, y otro promovido por el MOP sobre Chile al 2020. Seguramente existen más iniciativas locales, porque la inquietud por el futuro es creciente, en un mundo caracterizado por la inseguridad e incertidumbre, con oportunidades abiertas que no se visualizan si nos concentramos sólo en administrar el presente.

Pero como el mundo hoy ya es un escenario donde juegan sistemas integrados, y la competitividad es sistémica, no basta con análisis prospectivos locales o sectoriales, ni con reflexiones académicas sólo recogidas en libros y revistas, pero que no tienen impacto en el ámbito y nivel en que se toman las decisiones. Recientemente The Millennium Project ha puesto en marcha un estudio sobre América Latina 2030 mediante el método Delphi, en tiempo real, en el que están participando on line cientos de especialistas de todo el mundo, cuyas conclusiones serán presentadas en junio en Estados Unidos. Será un gran aporte, y lo que falta es contar a nivel de toda la región latinoamericana con un esfuerzo político de análisis prospectivo y creación de escenarios de futuro, apoyado en estudios académicos y estratégicos, por cierto, pero que sea fundamentalmente una reflexión global compartida a niveles de toma de decisiones de los gobiernos y los organismos regionales, apoyada por una voluntad política, e institucionalizada en los organismos de integración existentes. Tanto el Grupo de Río como la ALADI y la CEPAL son instancias suficientemente abarcadoras a las que los Jefes de Estado latinoamericanos podrían encargar la formación de un Grupo de Trabajo de alto nivel político, de análisis prospectivo, similar al de la Europa 2020-2030, que presente unas conclusiones con escenarios de futuro para la región y una propuesta de estrategia consecuente, con una agenda de largo plazo. Ello podría ser el eje ordenador que nos hace falta para dar base a un proceso de integración latinoamericana para el Siglo XXI sustentable, realista y movilizador.

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