lunes, diciembre 12, 2011

SOBRE LA CRISIS EUROPEA

EUROPA: SUPERANDO LA CRISIS ¿SIN AMÉRICA LATINA?

Héctor Casanueva

Con motivo de esta crisis, se ha criticado mucho la lentitud de la UE para tomar decisiones, ya sea de sus órganos comunes, como entre los países. Pero la evidencia histórica demuestra que con este sistema, ha logrado acuerdos irreversibles hacia una zona de paz y desarrollo como nunca en su historia. Un escritor rumano –Mircea Vasillescu- la denomina “el paraíso de las negociaciones”, y Jacques Delors solía decir que para construir la integración había que “negociar y negociar y negociar, y cuando sea ya imposible llegar a un acuerdo, hay que….seguir negociando”. La reciente Cumbre es un ejemplo de ello. El acuerdo alcanzado por los diecisiete países de la zona Euro en el marco de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE, al que se sumarán a lo menos otros seis miembros de la Unión, es fruto de esa enorme capacidad de negociación y de llegar a acuerdos “in extremis”, que es ya una impronta europea, con la que se ha ido construyendo la integración del viejo continente. De esta reunión, luego de largos meses de idas y venidas -inevitable periplo político-diplomático para tomar decisiones en una zona integrada con instituciones parcialmente supranacionales- la UE logra afianzar y profundizar el proceso avanzando hacia más integración, con mayor disciplina comunitaria y reforzamiento de la capacidad de las instituciones comunes, para hacer cumplir los compromisos. Un paso más hacia la real Unión Política que los líderes históricos propusieron.

Es sintomático que el primer ministro británico ha sido objeto de fuertes críticas dentro del Reino Unido, por restarse al acuerdo por el Euro y la gobernabilidad económico-financiera. Si bien ello no influye en lo específico, pues no forman parte de la zona Euro, la reticencia británica –por lo demás habitual, como apuntó Merkel- en esta ocasión implica para Gran Bretaña un serio riesgo de quedar fuera de un proceso que sigue avanzando, con socios fuertemente cohesionados y dispuestos a profundizar la integración con más supranacionalidad.

Otro aspecto a destacar, en este contexto, es la firma de la incorporación de Croacia, y el examen de las candidaturas de Serbia y Montenegro, además de la antigua pero más complicada de Turquía. Porque nadie quiere entrar a una asociación si se está derrumbando.

También cabe señalar que las positivas reacciones de los mercados ante las decisiones de estabilización financiera, demuestran tal vez el comienzo de una saludable disminución de la influencia excesiva de las clasificadoras, que han tenido por las cuerdas a varios gobiernos y al euro mismo, cuya última manifestación había sido las amenazas previas de Standard and Poors, cuyo índice, curiosamente, es ahora uno de los que más sube. Ya se ha hecho bastante caudal del hecho de que las clasificadoras contribuyan a las profecías autocumplidas, y luego cuando se revierten obtienen importantes beneficios.

Hasta aquí, todo bien. Pero añado una nota de preocupación en una perspectiva global y de largo plazo: la semana pasada, en paralelo al desarrollo de los ajustes previos a la Cumbre, el comisario de desarrollo de la Comisión Europea, Andris Piebalgs, hizo un anuncio sobre cooperación que significa excluir a once países latinoamericanos de los programas de ayuda al desarrollo a partir de 2014, si bien en estos casos se supone que se mantendría en parte la cooperación en ciencia y tecnología. Que al mismo tiempo que la UE avanza en su reforzamiento, se sacrifique su relación estratégica con América latina no se corresponde ni con sus propios intereses, de contar con aliados estratégicos naturales, ni con lo señalado por la Comisión Europea en su documento sobre “Europa y América Latina, una sociedad de actores globales” presentado a la Cumbre UE-ALC de Madrid el 2010, como una alianza de largo plazo, que buscaba fortalecer una América latina que le aporte masa crítica política y económica. Este cambio de postura sin duda impactará negativamente en la próxima cumbre eurolatinoamericana que debe realizarse en Chile, especialmente en momentos en que la UE requiere además, del apoyo de los organismos financieros internacionales, en los que Brasil y México -dos de los excluidos- ya van pisando fuerte.

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domingo, septiembre 25, 2011

A propósito de Europa

Europa, Europa…….

Héctor Casanueva

Director Ejecutivo del Centro latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE). Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia

La paradoja constante parece haberse instalado en Europa, para regocijo de los euroescépticos y preocupación de los europtimistas, de ambos lados del Atlántico, que miramos siempre a Europa como una reserva cultural, guardiana de los derechos humanos, y ejemplo de sensatez política, capaz de preservar la paz, el desarrollo y la cooperación.

Dos hechos se suman a la incertidumbre que hace tiempo se ha instalado en el Viejo Continente sobre su futuro. El relativo cierre de fronteras interiores a las personas (no así a las mercancías), y los vaivenes en la solución de la crisis financiera. El Consejo Europeo hace unos meses abrió la puerta a una modificación del reglamento del Tratado de Schengen, instrumento jurídico creado para garantizar una de las libertades básicas y pilar de la integración, cual es la libre circulación de personas. A raíz de la oleada de inmigrantes del norte de Africa, producto de los acontecimientos del mundo árabe, algunos estados presionaron al resto para condicionar esta libertad. La razón esgrimida es la imposibilidad de contener el paso de los inmigrantes por Europa una vez que han traspasado sus fronteras interiores. Las consecuencias de esta decisión, si bien sujeta a verificaciones y reglas, afectan no solamente a los inmigrantes ilegales o recientes, sino a todo aquel que lo sea, legal o no, puesto que no es posible discriminar a priori quien lo es y quien no. Y afectará igualmente a ciudadanos de los países del Este incorporados a la Unión, a los gitanos de diferentes partes y todo aquel cuyos rasgos físicos hagan "sospechar" que se trata de un inmigrante.

Otro hecho esencial, es el limitado avance en el establecimiento del gobierno económico, destinado originalmente a garantizar la estabilidad económica y financiera, mediante la responsabilidad compartida. Responsabilidad presente ya en Maastricht, como base de la unión económica y monetaria, que ningún país ha cumplido a cabalidad. Los propósitos de Lisboa de aumentar la competitividad y el empleo se han visto mediatizados por estos incumplimientos, cuya máxima expresión es hoy día Grecia, pero que se extiende a los peyorativamente denominados “PIGS” (Portugal, Irlanda, Grecia y España).

Ello es resentido por la ciudadanía, en particular los jóvenes (los mileuristas y los ni-nis, que o ganan apenas mil euros, o ni trabajan ni estudian), indignados en busca de respuestas.

La falta de rigor en la aplicación de los acuerdos de hace una década, sin el compromiso básico de una sociedad, genera estos riesgos y consecuencias, de creciente desafección por el proyecto, el que sin embargo es el que, paradojalmente, aún con sus imperfecciones, ha dado sesenta años de paz y cooperación, y un razonable desarrollo social, económico y científico.

Mala cosa, un paso atrás en la integración europea, que hace meditar sobre la incapacidad comunitaria de articular soluciones viables sin vulnerar los principios esenciales de su proyecto político. Los vaivenes en la solución de la crisis, las decisiones que tardan una enormidad en implementarse, las reticencias a meterse la mano al bolsillo solidariamente, aunque siempre la solidaridad paga para todos, las paradojas de que las grandes empresas tengan grandes excedentes de capital y ganancias, los clubes de fútbol con presupuestos multimillonarios que pagan hasta 200 millones por un jugador, mientras el paro en España llega al 21% y el juvenil al 42%, y en el resto de Europa al 10%, que ya es demasiado. ¿Qué es todo esto? ¿Fatiga institucional? ¿Falta de liderazgo político, o modificación del paradigma?

En América latina estamos confundidos y hasta estupefactos mirando a Europa, por mucho tiempo y desde la segunda postguerra nuestro paradigma de sensatez política, articulación económica y bienestar social.

En Santiago de Chile, hace un par de meses, se reunieron en la CEPAL expertos europeos y latinoamericanos convocados por dos think tanks de las relaciones euro-latinoamericanas (CELARE y Fundación Carolina), para analizar lo que sucede en Europa, sus consecuencias para América latina y el contexto estratégico global. Lo mismo están haciendo otras redes de académicos eurolatinoamericanas, en Argentina, en Uruguay, en Brasil, Ecuador, no solo para comprendser lo que pasa allí, sino para ver si juntos podemos articular propuestas que hacer llegar a los tomadores de decisiones y al sistema internacional, que ayuden a perfilar soluciones. Un aporte desde la sociedad civil, ante la fatiga de Europa, que es mal ejemplo para nosotros. Tal vez sea América latina un aliado para darle vitalidad, en una asociación de actores globales, como la ha llamado el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, que deberíamos explicitar y concretar claramente en la próxima Cumbre UE-ALC de Santiago de Chile de 2012.

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¿Hacia dónde quiere ir Europa?

Este texto corresponde a la Introducción del libro “EUROPA FRENTE A EUROPA”, editado por el Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Concepción (Chile), mayo de 2010

¿HACIA DÓNDE QUIERE IR EUROPA?

Héctor Casanueva

Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE). Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia (UPV)

No podemos dejar de pensar con el título de este libro en Alicia frente al espejo. Pero también podríamos pensar en ese diálogo de Alicia con el gato de Chesire:

Pregunta Alicia: “¿Qué camino debo seguir?

Contrapregunta el gato: “¿Hacia dónde quieres ir?”.

Dice ella: “No lo se en realidad”.

Sentencia el gato: “Entonces da lo mismo el camino”.

¿Sabe Europa hacia donde quiere ir?

Desde luego, sabe muy bien de donde viene, y por ello sabe muy bien hacia donde NO quiere ir, dada la experiencia de confrontación vivida con las dos últimas guerras mundiales, las más cercanas de la ex Yugoslavia o las aún latentes en la Federación Rusa post desmantelamiento de la Unión Soviética. La Europa-Alicia respondió bien en su momento a la pregunta sobre hacia donde quería ir: hacia una zona de paz. Y entonces el camino a seguir estaba claro: la integración. O a la inversa: quería ir hacia la integración, y el camino era la paz. Nuevamente, el espejo.

La paz y la cooperación han sido la base de la construcción de la Europa comunitaria, un proceso que ha eliminado prácticamente las hipótesis de conflicto entre estados dentro de sus fronteras.

Los Panzers y soldados alemanes desfilando en los campos Elíseos el 14 de julio de 1994 junto a las fuerzas armadas francesas, iniciativa conjunta de Kohl y Mitterrand -que por supuesto no fue unánimemente comprendida- significó todo un símbolo, muy oportuno además por el momento que vivía el proceso de integración, y puso de manifiesto de manera inequívoca la voluntad política de sepultar de una vez divisiones centenarias, pero sobretodo de que las personas quieren paz, que es la condición necesaria para el desarrollo.

Panzers en Les Champs Elysées después de cincuenta años, quién lo podía creer. Menos aún por estos lados, en nuestra región, cuando aún no restañamos las heridas ni dejamos de lado los agravios y viejos rencores de hace un siglo y medio.

La Unión Europea se ha ido haciendo a base de símbolos, de ideas-fuerza, de retórica, de liderazgos, de avances y retrocesos, de burocracias abultadas y profesionales creativos, de complementariedades y competencia, de compromisos e incomprensiones, de sinergias y fuerzas centrífugas contenidas, de gente que se desplaza, de inmigrantes que llegan a como de lugar, de alianzas transnacionales y guerra fría, de culpas y catarsis, todo ello a la vez, en un proceso extremadamente complejo, pero con una extraordinaria voluntad política y una simplicidad de fondo: la unión hace la fuerza, y la fuerza compartida, potenciada gracias a la cooperación, hace la integración, y la integración es, nuevamente, la paz.

Europa supo después de la segunda gran guerra adonde quería ir, y eligió el camino consecuente.

¿Sabe ahora hacia dónde quiere ir?

Europa frente a Europa, se mira al espejo y no sabe con certeza qué hay tras el espejo. Es que las certezas ya no existen, y el futuro no es lo que era.

Pero, sigamos con las referencias a cuentos que nos trasmiten sabiduría y sensatez: ya no se ven entre los árboles las orejas del lobo de la guerra, así que podemos jugar otra vez desaprensivamente, o sea, podemos por ejemplo poner en tensión la institucionalidad comunitaria expulsando a una etnia, los gitanos, no importa lo que diga el Consejo Europeo o la condena del Parlamento y de millones de ciudadanos conscientes. Podemos exacerbar la xenofobia y el racismo, y expulsar a los extranjeros. Podemos negar la realidad y bloquear las reformas que asegurarán la sostenibilidad de las pensiones. Podemos cerrar los ojos ante de la globalización y la creciente competitividad de China e India. También podemos ignorar a las demás culturas y religiones que están dentro y fuera de las fronteras. Podemos reinstalar la idea de la fortaleza europea para resolver los males que nos aquejan, que son culpa del empedrado externo. Podemos, en fin, olvidar de donde venimos, porque ya habríamos llegado.

Sin embargo no es así. Las enormes dificultades que tuvo la aprobación del Tratado de Lisboa, considerado por sus opositores como intervencionista o inútil, o las dos cosas, son demostrativas de que algo no funciona bien en el proceso de integración. Porque este Tratado, que pretende dar el impulso político y enmarcar institucionalmente una estrategia de largo plazo para la competitividad, el crecimiento y el empleo, marca un rumbo no suficientemente comprendido por los ciudadanos, y ni siquiera por muchos políticos. Tampoco por algunos de los nuevos países miembros, díscolos a la hora de darle su respaldo. Pero también es cierto que el Tratado y la estrategia de Lisboa no son suficientes para mostrar el punto de llegada, o sea, para mostrar hacia donde quiere ir Europa ahora, en este Siglo XXI de tantas incertidumbres y a la vez de tantas oportunidades. Tan es así, que en simultáneo con el lanzamiento de la estrategia y del Tratado mismo, hace unos años, el Consejo encargó al llamado exageradamente “Grupo de Sabios”, coordinado por Felipe González, que prefiere llamarlo “Grupo de Reflexión”, la elaboración de un documento sobre la Europa del futuro, que debía entregar luces sobre hacia donde se quiere ir y como. Por su parte la Comisión, presidida por Durao Barroso, inició un estudio sobre la Estrategia 2020 y otro, menos publicitado pero sin dudas de igual calado, sobre la situación de la seguridad social en el horizonte del 2060.

Los tres documentos son relevantes, y fueron presentados públicamente en el primer semestre de este año. Incluso, significativamente, el Informe sobre la Europa 2030 fue entregado al presidente Rompuy el mismo día en que se celebraban los sesenta años de la Declaración Schuman. Los tres documentos -a los que sumaría por su importancia estratégica la comunicación de la Comisión sobre la asociación con América latina como “actores globales”, ratificada en la VI Cumbre de Madrid, y la Resolución del Parlamento Europeo sobre las relaciones con América latina- son complementarios y revelan una voluntad política de la dirigencia europea y de la opinión ilustrada. Representan una toma de conciencia de lo que está en juego en el mundo, del terreno resbaladizo de la era global en el que a todos nos toca movernos hoy, de que los viejos paradigmas -y las viejas estructuras sociales, del estado, de la economía, de las comunicaciones- ya no sirven o sirven muy poco y solo en todo caso para construir a partir de ellos los nuevos paradigmas y el nuevo orden social a escala global.

Pero esta toma de conciencia, si bien es un paso, y las propuestas que de ella se derivan son un camino para fortalecer Europa, no es suficiente. Caracterizan autocríticamente la realidad, el entorno y proponen un camino. Pero subsiste la pregunta:

-¿Hacia dónde quieres ir?

El análisis de los documentos citados podría conducir a una respuesta: queremos ir hacia más Europa. Es decir, hacia una profundización de la integración, un reforzamiento de las instituciones, más ciudadanía y cultura europea, más sostenibilidad del Estado del Bienestar -Felipe González propone, acertadamente, cambiar el concepto por “sociedad del bienestar”, cambiando el eje de la responsabilidad hacia todos y no sólo hacia el ente llamado Estado- más cooperación, desarrollo y una paz permanente.

Más Europa significa también y fundamentalmente preservar los valores que dieron origen a lo que conocemos como cultura europea: los derechos humanos, la solidaridad, la cooperación internacional. Ello contrasta, sin embargo, con las conductas divergentes de muchos ciudadanos y políticos, porque no todos están entendiendo lo mismo. Unos consideran que más Europa se construye de puertas adentro, en oposición a un entorno que se percibe hostil y amenazante. Otros, como los autores de estos informes y muchos analistas, consideran que más Europa significa fortalecerse internamente abriéndose al entorno, situándose en él para asegurar que el nuevo orden mundial se construya con los valores europeos. Dicho de otro modo: la única forma de fortalecer a Europa es que la globalización adopte los valores europeos. Esto, que puede ser acusado, como antaño, de eurocentrista y a eso tendrán que responder sus líderes, tiene toda lógica: la permeabilidad de los sistemas políticos, económicos y de la propia cultura es una tónica de la era global. Construir la nueva Europa, o la Europa del futuro, o refundarla, como dice González, parapetados en las fronteras como si estuviéramos en el siglo XIX, cuando el siglo XXI ya nos trajo dos crisis globales y un fundamentalismo desafiante y agresivo, es insensato, y lo que corresponde a la Unión Europea es contribuir con su liderazgo conceptual y el desarrollo de su competitividad sistémica a la creación de un mundo nuevo, una comunidad global con una arquitectura institucional que garantice la gobernanza, la cooperación y una sociedad del bienestar global, para segurar su presente y su futuro.

¿Hacia donde quieres ir?

La respuesta parece ser, entonces, hacia un nuevo mundo -fundamentos para ello podemos encontrar en los artículos de este libro- y el camino sería el de las alianzas globales, como la propuesta en Madrid con América latina -hoy la región que mejor parada está ante las crisis sistémicas-; como la nueva alianza transatlántica que se propone con Estados Unidos; como la alianza euromediterranea; la cooperación con China; la convivencia cooperativa con Rusia. Pero el camino también pasa por el diálogo inter-religioso, abrirse a la interculturalidad e incluso, aunque resulte temerario plantearlo, a una redefinición de Europa sin olvidar las raíces y distintas visiones que han alimentado su identidad.

¿Qué falta para tener la respuesta completa y el compromiso de todos, como pide el Informe del 2030?

Faltan todavía los ciudadanos, ampliar los espacios de participación, intensificar la llegada a los hogares, a las escuelas, universidades, sindicatos, en una labor de sensibilización que es un imperativo para los líderes, un desafío de pedagogía social y política que falta acometer con más fuerza, para abrir las conciencias y las voluntades a la comprensión de que el futuro es global, y en esa construcción Europa debe participar en su propio interés y en el de la comunidad internacional.

En esta línea, “Europa frente a Europa” reúne aportes desde diferentes disciplinas y miradas, que convergen en lo central: en el desafío contemporáneo que se le presenta al continente, empezando por mirarse a sí misma en un espejo que no le devuelve la imagen de hace sesenta años y ni siquiera la actual, sino una imagen difusa que sólo es posible ver con claridad traspasándolo.

Santiago, septiembre de 2010


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sábado, noviembre 20, 2010

PROSPECTIVA DE EUROPA Y AMÉRICA LATINA

PROSPECTIVA DE EUROPA Y AMÉRICA LATINA
Héctor Casanueva[1]
Hace un tiempo tuvimos la oportunidad de asistir en Santiago a un motivador coloquio con Felipe González y Ricardo Lagos sobre el futuro de Europa, de América Latina y el mundo. En una ponderación de los focos temporales de sus intervenciones, diría que dedicaron un 10% al pasado, un 40% al presente y un 100% al futuro. ¿Cómo, que no cuadran los porcentajes? Si cuadran, porque ambos al abordar los temas económicos, políticos, culturales, del pasado y el presente, siempre lo hicieron con una mirada prospectiva, o sea, hacia el futuro.

Lagos había presentado recién un libro en que habla del futuro de Chile al 2030. Por su parte Felipe había entregado en mayo al Consejo de la UE el resultado del análisis del grupo de expertos que él coordinó, sobre la Europa del Futuro (Ver documento en http://www.celare.org/index.php?option=com_remository&Itemid=92&func=fileinfo&id=402.

El análisis prospectivo y la creación de escenarios de futuro han vuelto con fuerza a las mesas de trabajo de los líderes políticos en Europa, Estados Unidos y el Asia, como también en la OCDE, la UNESCO y otros organismos internacionales. Esta ciencia, o método (se discute si es propiamente una ciencia o un método), contribuye a reducir la incertidumbre y gestionar el futuro, y en tal sentido es una herramienta política esencial en nuestro tiempo. Es diferente de la planificación, aunque la integra, en cuanto no se trata de la creación de escenarios a partir de la proyección lineal de la realidad presente, sino de generar una “visión” anticipatoria (“foresight”) de una realidad posible situada en el largo plazo. Contribuyen fuertemente a ello organizaciones internacionales no gubernamentales como The Millennium Project (que acaba de finalizar un estudio sobre América latina 2030); la World Future Society o The Challenge Forum.

En América latina la prospectiva ha estado presente en universidades y en ciertas redes académicas, lideradas principalmente por especialistas colombianos y argentinos; también en algunos encuentros y documentos patrocinados por la CEPAL. La UE apoyó en el 2000 un estudio “América latina 2020” con la asociación española AIETI, ONGs italianas y latinoamericanas. Asimismo, la Red Latinoamericana de Prospectiva puso en marcha reuniones y seminarios sobre América latina al 2020. La Secretaría del Convenio Andrés Bello patrocinó hace años un estudio sobre prospectiva tecnológica regional. Hay iniciativas como “Perú 2020” del Consorcio de Universidades del Perú, o “México 2030” de la presidencia azteca. Lo que falta es tener a nivel latinoamericano un esfuerzo político de análisis prospectivo. Tanto el Grupo de Río como la ALADI y la CEPAL son instancias suficientemente abarcadoras a las que se podría encargar la formación de un Grupo de Trabajo de alto nivel, similar al de la Europa 2030, que presente escenarios de futuro y una propuesta de estrategia consecuente, que podría ser el eje ordenador que nos hace falta para dar base a un proceso de integración para el Siglo XXI sustentable, realista y movilizador. Chile preside el Grupo de Río, y podría impulsar esta idea, e incluso concretar una cooperación con la UE al respecto durante la Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno a celebrarse en Santiago el 2012.

Porque cada vez está más claro que el presente se debe administrar desde el futuro.
[1] Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia. Representante en Chile del think tank global de estudios del futuro “The Millennium Project”. Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE)

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sábado, septiembre 18, 2010

Europa y las migraciones: una paradoja

Europa y las migraciones: una paradoja
Héctor Casanueva

(Publicado en AMÉRICA ECONOMÍA, septiembre 2010)
La Unión Europea vive en una constante paradoja frente a la inmigración. Es difícil comprender la expulsión de los gitanos en Francia o las leyes represivas de Italia, por citar un par de casos, cuando Europa necesita cada vez más inmigrantes para mantener y llevar el crecimiento económico a los niveles que le permitan competir globalmente y financiar la seguridad social.

Actualmente hay una persona mayor de 65 años por cada cuatro económicamente activas, pero en 2050 cuatro trabajadores contribuyentes deberán sostener a tres jubilados. Por eso, sólo en el caso de Alemania los cálculos indican que necesita incorporar 500 mil inmigrantes anuales, y en toda Europa, de mantenerse constantes los indicadores -o sea, si no se hace nada- el número de trabajadores se reducirá en 68 millones en cuarenta años más. La Comisión Europea acaba de poner en discusión el documento “Hacia un sistema europeo de pensiones adecuado, sustentable y seguro”, con escenarios al 2060 que combinan la postergación de la edad de jubilación, el aumento de las cotizaciones y sistemas híbridos entre acumulación y capitalización -todas ellas son medidas muy resistidas- los que en cualquier caso llevan a concluir que se necesita recibir en los próximos años a millones de inmigrantes. De hecho, el informe oficial del denominado “Grupo de Reflexión sobre el futuro de la UE 2030” menciona la cifra de 100 millones, y es enfático en afirmar que para enfrentar “el reto demográfico” es imprescindible incrementar la fuerza de trabajo y adoptar una política migratoria equilibrada, justa y “anticipatoria”.

En una Europa que envejece, con una expectativa de vida que aumentó en siete años en las últimas décadas, pero que hacia mitad de siglo aumentará en diez o quince años más, los inmigrantes aportan juventud y fuerza laboral, ya que actualmente su promedio de edad es de 34 años, frente a los 41,2 años de los autóctonos. Según el Banco de España, los inmigrantes contribuyen con la mitad de la tasa de crecimiento del PIB, o sea, si crece al 2%, un 1% es aportado por el trabajo, el consumo y los impuestos que pagan los inmigrantes. Es de suponer que esto también ocurre en los demás países. Asimismo, como el informe antes citado señala, las migraciones aportan la diversidad necesaria para estimular la creatividad y la innovación, base de la competitividad.

La UE está frente a un dilema mayor, de cara a la nueva correlación geopolítica y geoeconómica mundial: si se imponen las visiones restrictivas y proteccionistas, las posibilidades de ser un actor relevante en el contexto global irán disminuyendo progresivamente, porque sin inmigración no podrá sostener el crecimiento, atender a sus adultos mayores ni competir con Estados Unidos o el Asia. Esto no será bueno para Europa y tampoco para los equilibrios globales en el nuevo orden internacional.

La controversia actual sobre este tema entre algunos gobiernos de los estados miembros, los órganos supranacionales de la UE y la sociedad civil organizada, tensiona también las bases de la integración y su institucionalidad. Hay que ver de qué manera lo comunitario logra imponerse, tarea que pone a prueba, una vez más, la visión estratégica y la capacidad política de sus líderes. Por nuestra parte, debemos mirar atentamente ese proceso, tanto por las similitudes en cuanto al reto demográfico –de hecho en Chile y otros países latinoamericanos ya se vive un fenómeno de estancamiento demográfico y aumento de la expectativa de vida que ponen en riesgo la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social- como porque la UE es un socio estratégico cuya fortaleza o debilidad también nos concierne.

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martes, mayo 11, 2010

¿QUÉ PUEDE CELEBRAR EUROPA?

¿QUÉ PUEDE CELEBRAR EUROPA?
Héctor Casanueva
Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE)

El Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa, creado por la autoridad comunitaria en 2007, integrado por altas personalidades políticas y privadas, presidido por Felipe González, acaba de presentar su crítico y preocupante informe en Bruselas, justo cuando este 9 de mayo se celebra el “Día de Europa”. Recordemos que en esa fecha de 1950, el ministro francés Robert Schuman llamó a la creación de la comunidad del carbón y el acero entre Alemania y Francia, iniciando el camino hacia la Unión Europea. Sesenta años después la UE enfrenta una difícil coyuntura y un incierto porvenir. La tragedia griega, dudas sobre la solvencia de España, Portugal e Irlanda, fallas de gestión reveladas por la erupción del Eyjafjalla, desempleo, crisis de la seguridad social, incumplimiento de los parámetros de convergencia, pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y el Asia, son situaciones que hacen crecer la desafección de los ciudadanos a la integración y alimentan el discurso de los euroescépticos.

En estas circunstancias, ¿qué puede celebrar Europa en este nuevo aniversario de la “Declaración Schuman”? Mucho, pese a todo. Primero, sesenta y cinco años de paz y el fin de la división del continente, frutos indudables de la integración, que fue creando un entramado de relaciones que hicieran imposible una conflagración como las dos últimas vividas, y condiciones objetivas para la caída de la cortina de hierro. ¿Qué más? La vigencia y extensión de los derechos humanos, y una efectiva protección a los ciudadanos tutelada por la institución del Defensor del Pueblo y amparada por órganos jurisdiccionales comunitarios que impiden o penalizan, de manera vinculante, cualquier arbitrariedad cometida desde el poder. También la diversidad cultural y trasmisión de conocimientos fomentada por programas como Erasmus, cuyo horizonte es de tres millones de estudiantes universitarios cursando estudios en otros países de Europa, o Leonardo da Vinci, con ochenta mil personas anuales haciendo prácticas en empresas de otro país. Desde la creación del mercado único, es notable la convergencia en los ingresos y el nivel de vida de los países menos desarrollados hacia la media europea, el crecimiento de la infraestructura física y digital, la reducción de la pobreza, las supercarreteras de la información, los derechos del consumidor, la movilidad laboral y el derecho de establecimiento, la protección comunitaria a la libre competencia, las sinergias para la investigación en ciencia y tecnología -uno de los frutos es el programa ESO, que acaba de asignar a Chile el mayor telescopio del mundo- y un largo listado de logros derivados de las ventajas de la integración. Desde luego hay más temas pendientes, y el informe del Grupo de Reflexión lo señala, como las migraciones y la ampliación de la Europa de los ciudadanos, y queda mucho por avanzar según la llamada Estrategia de Lisboa para la estabilidad, la competitividad y el empleo. Pero la acción comunitaria ante la última crisis financiera, y el rescate a Grecia con 150.000 millones de dólares, aceptadas las duras condiciones impuestas para vencer la reticencia alemana, señalan que la voluntad política común va por afianzar la integración y su principio básico: solidaridades concretas. Queda por abordar una profunda reforma estructural para profundizar el proceso, hacerlo más compatible con la nueva realidad del Siglo XXI sin abandonar los principios básicos que le dieron origen. Porque la evidencia demuestra que de todas maneras, gracias a la integración, la UE es la mayor potencia comercial del mundo, el mayor donante de ayuda al desarrollo y el mayor mercado occidental. Chile en buena hora esta asociado a la UE mediante un Tratado amplio que comprende cooperación, diálogo político y libre comercio, y que ahora se proyecta hacia América Latina. Asimismo, América latina desde hace 10 años avanza en la llamada asociación estratégica con la UE, traducida en una agenda amplia, que será sometida a revisión en pocos días más en la cumbre de los sesenta Jefes de Estado y de Gobierno de ambas regiones a efectuarse en Madrid. Si hubiera que sintetizar lo que la UE significa como proceso de integración exitoso, podríamos decir que se basa en tres pilares y un método. Los pilares: la democracia, el libre mercado, y una institucionalidad común. El método: la gradualidad, en pasos incrementales apoyados por una voluntad política comprometida con hacerlos irreversibles. Interesante para nosotros, que llevamos doscientos años de integración a medias.

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sábado, abril 17, 2010

EUROPA SE PROYECTA AL 2020-2030 ¿Y NOSOTROS?

EUROPA SE PROYECTA AL 2020-2030 ¿Y NOSOTROS?
Héctor Casanueva

El análisis prospectivo y la creación de escenarios de futuro han vuelto con fuerza a las mesas de trabajo de los líderes políticos en Europa, Estados Unidos y el Asia, como también en la OCDE, la UNESCO y otros organismos internacionales. Esta ciencia, o método (se discute si la prospectiva es propiamente una ciencia o un método), contribuye a reducir la incertidumbre y gestionar el futuro, y en tal sentido es una herramienta política esencial en nuestro tiempo. Es diferente de la planificación, aunque la integra, en cuanto no se trata de la creación de escenarios a partir de la proyección lineal de la realidad presente, sino de generar una “visión” anticipatoria (“foresight”) de una realidad posible situada en el largo plazo. Contribuyen fuertemente a ello organizaciones internacionales no gubernamentales como The Millennium Project; la World Future Society o The Challenge Forum.

Pues bien, en diciembre de 2007 el Consejo Europeo, máximo órgano de gobierno de la UE integrado por los jefes de estado y de gobierno de los 27 países, estableció un grupo de reflexión sobre el horizonte europeo 2020-2030, presidido por Felipe González e integrado por altas personalidades de la Unión. Fijó como parámetros el fortalecimiento y la modernización del modelo europeo económico y de responsabilidad social, la mejora de la competitividad de la UE, el Estado de derecho, el desarrollo sostenible, la estabilidad mundial, las migraciones, la energía y la protección del clima, así como la lucha contra la inseguridad mundial, la delincuencia internacional y el terrorismo, prestando particular atención a los modos de entrar mejor en contacto con los ciudadanos y responder a sus expectativas y necesidades. El grupo deberá presentar sus conclusiones en junio de este año. Por su parte, la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, presentó a consideración del Consejo un documento estableciendo metas específicas al 2020 (“Europa 2020, una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo”) que deberían ser abordadas para la competitividad, el empleo y el medio ambiente. El Consejo en su reciente reunión de finales de marzo analizó esta propuesta y fijó el calendario para su aprobación, previa consulta abierta a los ciudadanos. Cabe señalar que también los líderes europeos acordaron celebrar un Consejo Europeo en septiembre próximo, con sus ministros de RR.EE., para examinar la manera en que la UE se conectará con sus socios estratégicos para coordinarse en los temas globales. De nuestra región, dos países, Brasil y México, tienen el estatus de socios estratégicos de la UE.

Esta estrategia europea reviste un claro interés para América Latina, pues la UE es el principal inversionista, socio comercial y cooperante de nuestra región, de manera que nuestros centros académicos y los departamentos de estudio de empresas, entidades financieras y del estado deberían estar atentos a las conclusiones del grupo 2020-2030 y las decisiones que se adopten en ese marco. Asimismo, esta forma de gestión del futuro es sin duda un valioso referente sobre como es posible avanzar en objetivos comunes de desarrollo en el marco de un proceso de integración, toda vez que lo que marca nuestra Era es la necesidad de una progresiva convergencia en el largo plazo de las regiones y países hacia un escenario global interdependiente que debería construirse entre todos.

¿Y nosotros, en América latina? Cabe decir a este respecto que la prospectiva y los estudios de futuro han estado presentes en universidades de algunos países, y en ciertas redes académicas regionales, lideradas principalmente por especialistas colombianos y argentinos, y en algunos encuentros y documentos patrocinados por la CEPAL. La propia UE apoyó en el 2000 el estudio “América latina 2020”, liderado por la asociación española AIETI, junto a ONGs italianas y latinoamericanas. Asimismo, la Red Latinoamericana de Prospectiva puso en marcha reuniones y seminarios en varios países, y patrocinó una publicación llamada también “América latina 2020”. La Secretaría del Convenio Andrés Bello por su parte patrocinó un estudio y publicación sobre prospectiva tecnológica en América latina. Hay asimismo iniciativas como “Perú 2020” del Consorcio de Universidades del Perú, o la propuesta “México 2030” de la presidencia de México. Argentina, en época de Perón, puso en marcha un grupo de trabajo prospectivo para analizar escenarios post Segunda Guerra mundial, anticipatorio de una posible tercera guerra que se veía como posible. Hay muchos trabajos del profesor Miguel Ángel Gutiérrez del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva sobre la educación superior en el futuro de América Latina, o de José Cordeiro de la Sociedad Mundial del Futuro en Venezuela. En Estados Unidos la Central de Inteligencia (CIA) ha hecho análisis prospectivos y construido escenarios de futuro para la región. En Chile hace muchos años existió una unidad de prospectiva en Mideplan, hay una iniciativa “Valdivia 2020”, también un estudio del Colegio de Ingenieros sobre Chile 2020, y otro promovido por el MOP sobre Chile al 2020. Seguramente existen más iniciativas locales, porque la inquietud por el futuro es creciente, en un mundo caracterizado por la inseguridad e incertidumbre, con oportunidades abiertas que no se visualizan si nos concentramos sólo en administrar el presente.

Pero como el mundo hoy ya es un escenario donde juegan sistemas integrados, y la competitividad es sistémica, no basta con análisis prospectivos locales o sectoriales, ni con reflexiones académicas sólo recogidas en libros y revistas, pero que no tienen impacto en el ámbito y nivel en que se toman las decisiones. Recientemente The Millennium Project ha puesto en marcha un estudio sobre América Latina 2030 mediante el método Delphi, en tiempo real, en el que están participando on line cientos de especialistas de todo el mundo, cuyas conclusiones serán presentadas en junio en Estados Unidos. Será un gran aporte, y lo que falta es contar a nivel de toda la región latinoamericana con un esfuerzo político de análisis prospectivo y creación de escenarios de futuro, apoyado en estudios académicos y estratégicos, por cierto, pero que sea fundamentalmente una reflexión global compartida a niveles de toma de decisiones de los gobiernos y los organismos regionales, apoyada por una voluntad política, e institucionalizada en los organismos de integración existentes. Tanto el Grupo de Río como la ALADI y la CEPAL son instancias suficientemente abarcadoras a las que los Jefes de Estado latinoamericanos podrían encargar la formación de un Grupo de Trabajo de alto nivel político, de análisis prospectivo, similar al de la Europa 2020-2030, que presente unas conclusiones con escenarios de futuro para la región y una propuesta de estrategia consecuente, con una agenda de largo plazo. Ello podría ser el eje ordenador que nos hace falta para dar base a un proceso de integración latinoamericana para el Siglo XXI sustentable, realista y movilizador.

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