jueves, septiembre 20, 2012

LA COOPERACIÓN EUROPA-AMÉRICA LATINA EN TIEMPOS DE CRISIS


LA COOPERACIÓN EUROPA-AMÉRICA LATINA EN TIEMPOS DE CRISIS
Héctor Casanueva


Los términos de la relación euro-latinoamericana muestran una tendencia inversa a lo que han sido históricamente. Por una parte, la crisis financiera y económica europea, y por la otra, el crecimiento y la estabilidad financiera de América Latina, generan un contraste que plantea una necesaria revisión de la asociación estratégica acordada en 1999, que se ha venido materializando mediante acuerdos de la UE con países y subregiones latinoamericanas.

                Sobre cooperación al desarrollo, la idea de nuevas bases surge principalmente en los círculos oficiales europeos, presionados por la crisis y los recortes, que consideran llegado el momento de equilibrar la responsabilidad y los aportes financieros para los programas con Latinoamérica, o directamente suprimir algunos de ellos, puesto que nuestra región ha alcanzado, por lo menos en la mayoría de los países, importantes niveles de desarrollo económico y de promoción social. Por ejemplo, quince países latinoamericanos, o sea, la gran mayoría, quedarán fuera de la ayuda financiera de la UE en programas sociales a partir de 2014.

El principal argumento radica en que los Estados latinoamericanos hoy tienen recursos para sus programas sociales. No parece objetable esta postura, habida cuenta de las dificultades  europeas, que necesariamente la obligan a refocalizar. Pero no se debe perder de vista que la asimetría entre Europa y nuestra región es muy grande: la UE tiene en el mundo el 7% de la población y el 26% del PIB, mientras América latina, con el 9% de la población, cuenta solo con el 8% del PIB; y el ingreso per cápita promedio es, respectivamente, de US. 33.500 y US. 8.500.

América Latina debe reflexionar sobre esta nueva situación en el seno de sus organismos de integración, en especial en la CELAC, con el fin de presentar a la UE una nueva agenda de cooperación, que integre los temas de interés mutuo -como el medio ambiente, la energía, la I+D+i, la educación superior- asumiendo la co-responsabilidad de los programas en el diseño, el financiamiento y la gestión. La oportunidad debería ser la próxima Cumbre de Jefes de Estado de la Unión Europea-América latina y Caribe, a celebrarse en Santiago en enero de 2013, y para alimentar dicha agenda, existen las reuniones birregionales previas del sector empresarial, de la sociedad civil, y ahora, por primera vez, una Cumbre Académica que reunirá en enero a universidades de Europa y A. Latina.

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martes, mayo 11, 2010

¿QUÉ PUEDE CELEBRAR EUROPA?

¿QUÉ PUEDE CELEBRAR EUROPA?
Héctor Casanueva
Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE)

El Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa, creado por la autoridad comunitaria en 2007, integrado por altas personalidades políticas y privadas, presidido por Felipe González, acaba de presentar su crítico y preocupante informe en Bruselas, justo cuando este 9 de mayo se celebra el “Día de Europa”. Recordemos que en esa fecha de 1950, el ministro francés Robert Schuman llamó a la creación de la comunidad del carbón y el acero entre Alemania y Francia, iniciando el camino hacia la Unión Europea. Sesenta años después la UE enfrenta una difícil coyuntura y un incierto porvenir. La tragedia griega, dudas sobre la solvencia de España, Portugal e Irlanda, fallas de gestión reveladas por la erupción del Eyjafjalla, desempleo, crisis de la seguridad social, incumplimiento de los parámetros de convergencia, pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y el Asia, son situaciones que hacen crecer la desafección de los ciudadanos a la integración y alimentan el discurso de los euroescépticos.

En estas circunstancias, ¿qué puede celebrar Europa en este nuevo aniversario de la “Declaración Schuman”? Mucho, pese a todo. Primero, sesenta y cinco años de paz y el fin de la división del continente, frutos indudables de la integración, que fue creando un entramado de relaciones que hicieran imposible una conflagración como las dos últimas vividas, y condiciones objetivas para la caída de la cortina de hierro. ¿Qué más? La vigencia y extensión de los derechos humanos, y una efectiva protección a los ciudadanos tutelada por la institución del Defensor del Pueblo y amparada por órganos jurisdiccionales comunitarios que impiden o penalizan, de manera vinculante, cualquier arbitrariedad cometida desde el poder. También la diversidad cultural y trasmisión de conocimientos fomentada por programas como Erasmus, cuyo horizonte es de tres millones de estudiantes universitarios cursando estudios en otros países de Europa, o Leonardo da Vinci, con ochenta mil personas anuales haciendo prácticas en empresas de otro país. Desde la creación del mercado único, es notable la convergencia en los ingresos y el nivel de vida de los países menos desarrollados hacia la media europea, el crecimiento de la infraestructura física y digital, la reducción de la pobreza, las supercarreteras de la información, los derechos del consumidor, la movilidad laboral y el derecho de establecimiento, la protección comunitaria a la libre competencia, las sinergias para la investigación en ciencia y tecnología -uno de los frutos es el programa ESO, que acaba de asignar a Chile el mayor telescopio del mundo- y un largo listado de logros derivados de las ventajas de la integración. Desde luego hay más temas pendientes, y el informe del Grupo de Reflexión lo señala, como las migraciones y la ampliación de la Europa de los ciudadanos, y queda mucho por avanzar según la llamada Estrategia de Lisboa para la estabilidad, la competitividad y el empleo. Pero la acción comunitaria ante la última crisis financiera, y el rescate a Grecia con 150.000 millones de dólares, aceptadas las duras condiciones impuestas para vencer la reticencia alemana, señalan que la voluntad política común va por afianzar la integración y su principio básico: solidaridades concretas. Queda por abordar una profunda reforma estructural para profundizar el proceso, hacerlo más compatible con la nueva realidad del Siglo XXI sin abandonar los principios básicos que le dieron origen. Porque la evidencia demuestra que de todas maneras, gracias a la integración, la UE es la mayor potencia comercial del mundo, el mayor donante de ayuda al desarrollo y el mayor mercado occidental. Chile en buena hora esta asociado a la UE mediante un Tratado amplio que comprende cooperación, diálogo político y libre comercio, y que ahora se proyecta hacia América Latina. Asimismo, América latina desde hace 10 años avanza en la llamada asociación estratégica con la UE, traducida en una agenda amplia, que será sometida a revisión en pocos días más en la cumbre de los sesenta Jefes de Estado y de Gobierno de ambas regiones a efectuarse en Madrid. Si hubiera que sintetizar lo que la UE significa como proceso de integración exitoso, podríamos decir que se basa en tres pilares y un método. Los pilares: la democracia, el libre mercado, y una institucionalidad común. El método: la gradualidad, en pasos incrementales apoyados por una voluntad política comprometida con hacerlos irreversibles. Interesante para nosotros, que llevamos doscientos años de integración a medias.

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sábado, abril 17, 2010

EUROPA SE PROYECTA AL 2020-2030 ¿Y NOSOTROS?

EUROPA SE PROYECTA AL 2020-2030 ¿Y NOSOTROS?
Héctor Casanueva

El análisis prospectivo y la creación de escenarios de futuro han vuelto con fuerza a las mesas de trabajo de los líderes políticos en Europa, Estados Unidos y el Asia, como también en la OCDE, la UNESCO y otros organismos internacionales. Esta ciencia, o método (se discute si la prospectiva es propiamente una ciencia o un método), contribuye a reducir la incertidumbre y gestionar el futuro, y en tal sentido es una herramienta política esencial en nuestro tiempo. Es diferente de la planificación, aunque la integra, en cuanto no se trata de la creación de escenarios a partir de la proyección lineal de la realidad presente, sino de generar una “visión” anticipatoria (“foresight”) de una realidad posible situada en el largo plazo. Contribuyen fuertemente a ello organizaciones internacionales no gubernamentales como The Millennium Project; la World Future Society o The Challenge Forum.

Pues bien, en diciembre de 2007 el Consejo Europeo, máximo órgano de gobierno de la UE integrado por los jefes de estado y de gobierno de los 27 países, estableció un grupo de reflexión sobre el horizonte europeo 2020-2030, presidido por Felipe González e integrado por altas personalidades de la Unión. Fijó como parámetros el fortalecimiento y la modernización del modelo europeo económico y de responsabilidad social, la mejora de la competitividad de la UE, el Estado de derecho, el desarrollo sostenible, la estabilidad mundial, las migraciones, la energía y la protección del clima, así como la lucha contra la inseguridad mundial, la delincuencia internacional y el terrorismo, prestando particular atención a los modos de entrar mejor en contacto con los ciudadanos y responder a sus expectativas y necesidades. El grupo deberá presentar sus conclusiones en junio de este año. Por su parte, la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, presentó a consideración del Consejo un documento estableciendo metas específicas al 2020 (“Europa 2020, una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo”) que deberían ser abordadas para la competitividad, el empleo y el medio ambiente. El Consejo en su reciente reunión de finales de marzo analizó esta propuesta y fijó el calendario para su aprobación, previa consulta abierta a los ciudadanos. Cabe señalar que también los líderes europeos acordaron celebrar un Consejo Europeo en septiembre próximo, con sus ministros de RR.EE., para examinar la manera en que la UE se conectará con sus socios estratégicos para coordinarse en los temas globales. De nuestra región, dos países, Brasil y México, tienen el estatus de socios estratégicos de la UE.

Esta estrategia europea reviste un claro interés para América Latina, pues la UE es el principal inversionista, socio comercial y cooperante de nuestra región, de manera que nuestros centros académicos y los departamentos de estudio de empresas, entidades financieras y del estado deberían estar atentos a las conclusiones del grupo 2020-2030 y las decisiones que se adopten en ese marco. Asimismo, esta forma de gestión del futuro es sin duda un valioso referente sobre como es posible avanzar en objetivos comunes de desarrollo en el marco de un proceso de integración, toda vez que lo que marca nuestra Era es la necesidad de una progresiva convergencia en el largo plazo de las regiones y países hacia un escenario global interdependiente que debería construirse entre todos.

¿Y nosotros, en América latina? Cabe decir a este respecto que la prospectiva y los estudios de futuro han estado presentes en universidades de algunos países, y en ciertas redes académicas regionales, lideradas principalmente por especialistas colombianos y argentinos, y en algunos encuentros y documentos patrocinados por la CEPAL. La propia UE apoyó en el 2000 el estudio “América latina 2020”, liderado por la asociación española AIETI, junto a ONGs italianas y latinoamericanas. Asimismo, la Red Latinoamericana de Prospectiva puso en marcha reuniones y seminarios en varios países, y patrocinó una publicación llamada también “América latina 2020”. La Secretaría del Convenio Andrés Bello por su parte patrocinó un estudio y publicación sobre prospectiva tecnológica en América latina. Hay asimismo iniciativas como “Perú 2020” del Consorcio de Universidades del Perú, o la propuesta “México 2030” de la presidencia de México. Argentina, en época de Perón, puso en marcha un grupo de trabajo prospectivo para analizar escenarios post Segunda Guerra mundial, anticipatorio de una posible tercera guerra que se veía como posible. Hay muchos trabajos del profesor Miguel Ángel Gutiérrez del Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva sobre la educación superior en el futuro de América Latina, o de José Cordeiro de la Sociedad Mundial del Futuro en Venezuela. En Estados Unidos la Central de Inteligencia (CIA) ha hecho análisis prospectivos y construido escenarios de futuro para la región. En Chile hace muchos años existió una unidad de prospectiva en Mideplan, hay una iniciativa “Valdivia 2020”, también un estudio del Colegio de Ingenieros sobre Chile 2020, y otro promovido por el MOP sobre Chile al 2020. Seguramente existen más iniciativas locales, porque la inquietud por el futuro es creciente, en un mundo caracterizado por la inseguridad e incertidumbre, con oportunidades abiertas que no se visualizan si nos concentramos sólo en administrar el presente.

Pero como el mundo hoy ya es un escenario donde juegan sistemas integrados, y la competitividad es sistémica, no basta con análisis prospectivos locales o sectoriales, ni con reflexiones académicas sólo recogidas en libros y revistas, pero que no tienen impacto en el ámbito y nivel en que se toman las decisiones. Recientemente The Millennium Project ha puesto en marcha un estudio sobre América Latina 2030 mediante el método Delphi, en tiempo real, en el que están participando on line cientos de especialistas de todo el mundo, cuyas conclusiones serán presentadas en junio en Estados Unidos. Será un gran aporte, y lo que falta es contar a nivel de toda la región latinoamericana con un esfuerzo político de análisis prospectivo y creación de escenarios de futuro, apoyado en estudios académicos y estratégicos, por cierto, pero que sea fundamentalmente una reflexión global compartida a niveles de toma de decisiones de los gobiernos y los organismos regionales, apoyada por una voluntad política, e institucionalizada en los organismos de integración existentes. Tanto el Grupo de Río como la ALADI y la CEPAL son instancias suficientemente abarcadoras a las que los Jefes de Estado latinoamericanos podrían encargar la formación de un Grupo de Trabajo de alto nivel político, de análisis prospectivo, similar al de la Europa 2020-2030, que presente unas conclusiones con escenarios de futuro para la región y una propuesta de estrategia consecuente, con una agenda de largo plazo. Ello podría ser el eje ordenador que nos hace falta para dar base a un proceso de integración latinoamericana para el Siglo XXI sustentable, realista y movilizador.

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