martes, enero 28, 2014

SEGURIDAD ALIMENTARIA


LAS ABEJAS Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
Héctor Casanueva
(Publicado en AMÉRICA ECONOMÍA, enero 2014)

La seguridad alimentaria es definida por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas, como la “situación en la cual todas las personas tienen, en todo momento, acceso a los alimentos seguros y nutritivos que necesitan para mantener una vida sana y activa”. Si consideramos que al 2050 se incorporarán unos dos mil millones de nuevos habitantes en el mundo, el desafío de la seguridad alimentaria  -es decir, la producción de esos alimentos seguros, nutritivos y accesibles, para cubrir la necesidad de una población global en torno a los nueve mil millones- significa nada menos que doblar la producción actual.

Si bien responder a este desafío depende de varios factores, de carácter científico, tecnológico, económico, financiero, y de políticas públicas adecuadas, el principal componente de la producción de alimentos es la preservación de la biodiversidad y el buen funcionamiento de los ecosistemas.

Esto último es lo que al parecer está fallando y pone en riesgo a la población, porque, según ha informado la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), de la ONU, en distintas partes del mundo están desapareciendo las abejas, lo que puede ser causado precisamente por una degradación ambiental, tanto por desaparición de las condiciones ecológicas, como por el uso de plaguicidas y el propio cambio climático. Incluso se señala que el Reino Unido sólo hay un cuarto de la cantidad de abejas necesarias para los cultivos. Ello repercutirá necesariamente en una menor cantidad de alimentos. Se calcula que la polinización que realizan las abejas y otros insectos es responsable del 75% de los cultivos en todo el mundo, por lo que la relación entre la disminución de la población de abejas y la potencial baja producción de alimentos es directa y amenazante.

La IPBES ha anunciado que en breve plazo abordará un estudio para evaluar esta situación, del que se espera surjan las causas y las consiguientes propuestas de medidas.

La constatación de este hecho, que el estudio deberá dimensionar actual y prospectivamente en alcance e impacto, puede ser especialmente grave para aquellos dos tercios de la población mundial (3.800 millones) que viven en países de bajos ingresos que hoy sufren déficit alimentario, cantidad de personas que en esos países llegará a los seis mil millones al 2050.

Pero también lo será para el mundo desarrollado. En efecto, la Unión Europea es el primer importador mundial de alimentos, mientras los Estados Unidos importan el 15% del total de alimentos que consume, incluyendo el 60% de las frutas y el 80% de los mariscos.

Suponiendo que se lograra controlar la degradación de los ecosistemas y la biodiversidad, y pudiéramos contar con la tarea polinizadora de las abejas y otros insectos, hay otras realidades que no dependen de ello, sino de la matriz alimentaria existente, y que no aprovecha debidamente lo que la naturaleza ofrece. En efecto, diversos estudios y estimaciones señalan que sólo 200 de las 80.000 especies de plantas comestibles son utilizadas, y de estas, solamente cuatro representan más del 60% de los alimentos agrícolas que consume el mundo: trigo, maíz, papas y arroz. A esto se agregan las costumbres y vicios alimentarios, que hacen que un tercio de la producción mundial de alimentos (1.300 millones de toneladas) acaba en la basura cada año en el mundo, y 222 millones de toneladas de comida se pierden en los países ricos. No es menor, al mismo tiempo, que el 64% de la población mundial tenga problemas de sobrepeso.

La desaparición de las abejas debe hacernos reflexionar entonces, como humanidad, sobre los malos hábitos, la indiferencia ambiental, y la deformación de la matriz alimentaria que hemos ido sufriendo paulatinamente, y abordar el problema con unas políticas públicas que promuevan el consumo responsable, el desarrollo científico y tecnológico que apunte a la suficiente producción a escala global de alimentos que permitan llevar una vida sana y activa, que sean funcionales a la situación específica de las personas, y capaces de prevenir o paliar los efectos de las enfermedades.

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sábado, noviembre 20, 2010

PROSPECTIVA DE EUROPA Y AMÉRICA LATINA

PROSPECTIVA DE EUROPA Y AMÉRICA LATINA
Héctor Casanueva[1]
Hace un tiempo tuvimos la oportunidad de asistir en Santiago a un motivador coloquio con Felipe González y Ricardo Lagos sobre el futuro de Europa, de América Latina y el mundo. En una ponderación de los focos temporales de sus intervenciones, diría que dedicaron un 10% al pasado, un 40% al presente y un 100% al futuro. ¿Cómo, que no cuadran los porcentajes? Si cuadran, porque ambos al abordar los temas económicos, políticos, culturales, del pasado y el presente, siempre lo hicieron con una mirada prospectiva, o sea, hacia el futuro.

Lagos había presentado recién un libro en que habla del futuro de Chile al 2030. Por su parte Felipe había entregado en mayo al Consejo de la UE el resultado del análisis del grupo de expertos que él coordinó, sobre la Europa del Futuro (Ver documento en http://www.celare.org/index.php?option=com_remository&Itemid=92&func=fileinfo&id=402.

El análisis prospectivo y la creación de escenarios de futuro han vuelto con fuerza a las mesas de trabajo de los líderes políticos en Europa, Estados Unidos y el Asia, como también en la OCDE, la UNESCO y otros organismos internacionales. Esta ciencia, o método (se discute si es propiamente una ciencia o un método), contribuye a reducir la incertidumbre y gestionar el futuro, y en tal sentido es una herramienta política esencial en nuestro tiempo. Es diferente de la planificación, aunque la integra, en cuanto no se trata de la creación de escenarios a partir de la proyección lineal de la realidad presente, sino de generar una “visión” anticipatoria (“foresight”) de una realidad posible situada en el largo plazo. Contribuyen fuertemente a ello organizaciones internacionales no gubernamentales como The Millennium Project (que acaba de finalizar un estudio sobre América latina 2030); la World Future Society o The Challenge Forum.

En América latina la prospectiva ha estado presente en universidades y en ciertas redes académicas, lideradas principalmente por especialistas colombianos y argentinos; también en algunos encuentros y documentos patrocinados por la CEPAL. La UE apoyó en el 2000 un estudio “América latina 2020” con la asociación española AIETI, ONGs italianas y latinoamericanas. Asimismo, la Red Latinoamericana de Prospectiva puso en marcha reuniones y seminarios sobre América latina al 2020. La Secretaría del Convenio Andrés Bello patrocinó hace años un estudio sobre prospectiva tecnológica regional. Hay iniciativas como “Perú 2020” del Consorcio de Universidades del Perú, o “México 2030” de la presidencia azteca. Lo que falta es tener a nivel latinoamericano un esfuerzo político de análisis prospectivo. Tanto el Grupo de Río como la ALADI y la CEPAL son instancias suficientemente abarcadoras a las que se podría encargar la formación de un Grupo de Trabajo de alto nivel, similar al de la Europa 2030, que presente escenarios de futuro y una propuesta de estrategia consecuente, que podría ser el eje ordenador que nos hace falta para dar base a un proceso de integración para el Siglo XXI sustentable, realista y movilizador. Chile preside el Grupo de Río, y podría impulsar esta idea, e incluso concretar una cooperación con la UE al respecto durante la Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno a celebrarse en Santiago el 2012.

Porque cada vez está más claro que el presente se debe administrar desde el futuro.
[1] Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia. Representante en Chile del think tank global de estudios del futuro “The Millennium Project”. Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE)

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