martes, diciembre 31, 2013

DEBATE SOBRE EL ESTADO DEL BIENESTAR

Estado del bienestar: un debate mal planteado
Héctor Casanueva

El discurso del rey de Holanda ante el Parlamento, en el que señala la insostenibilidad del “clásico Estado del bienestar” y su sustitución por una “sociedad participativa”, ha caído como agua de mayo a los euroescépticos y a la derecha del Estado minimalista en Europa y también por estos lados. Curioso, además, que lo plantee un monarca en un país gobernado por la socialdemocracia, que es el cuarto del mundo en el Índice de Desarrollo Humano, tiene un desempleo en torno al 7% y un per cápita de US. 46.000.- ¿Qué queda entonces para España o Grecia? ¿Y para nosotros?

Desde que la crisis de 2008 comenzó a poner en evidencia los problemas financieros de los países europeos, se volvió a instalar con mucha fuerza el debate iniciado hace tres décadas por el thatcherismo, acerca del modelo de protección social característico del viejo continente, llamado “Estado del bienestar”, y que es indisociable del proceso de integración de Europa, basado en solidaridad, paz y cooperación.

Las dificultades para asegurar su financiamiento, con los consiguientes recortes presupuestarios en las prestaciones, así como los efectos del reto demográfico, entre otros factores, pero especialmente la crisis de empleo, especialmente juvenil, generan una distorsión en este debate. Por un lado se considera que la crisis es consecuencia del modelo, y por otra quienes la sufren exigen que el Estado no solo mantenga, sino intensifique las políticas de protección social, pese al problema real de financiamiento público, producto a su vez, de una pérdida de competitividad de las economías europeas, incapaces de crecer y crear empleo.

La discusión sobre el modelo se ha trasladado con cada vez mayor intensidad a América latina, donde se han ido alineando tres posiciones: una de derechas, muy crítica del modelo europeo y que coincide en atribuir al mismo su crisis financiera, con la consiguiente advertencia de que no se nos ocurra adoptarlo, abogando por políticas asistenciales muy acotadas y una protección social centrada en la responsabilidad individual; otra, de izquierdas, que aboga por un Estado fuerte y protector, muy presente en los distintos frentes de la vida económica y social, con importantes dosis de populismo, y muy riesgoso en términos de estabilidad económica. Una tercera, que podríamos llamar de centroizquierda, cuyo planteamiento es de un Estado que asegure una protección social universal básica en educación, salud y pensiones, debidamente financiada a través del crecimiento económico y políticas fiscales responsables.


Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo. Lo primero es distinguir entre "Estado del bienestar" y "estado benefactor", pues no significan lo mismo. El primero, implica una responsabilidad que debe asumir el Estado como garante del bien común, en una concepción solidaria de la organización social, para hacerse cargo como sociedad de garantizar estándares mínimos de calidad de vida a toda la población, dadas las inequidades que inevitablemente se generan en el cuerpo social por la sola aplicación de las leyes del mercado. Lo segundo, que es a lo que se dirige la crítica de la derecha más consciente, implica una deformación y extralimitación del concepto anterior, ya que traspasa solamente al Estado las responsabilidades de la propia vida, y ello evidentemente no solo implica una injusticia, sino un adormecimiento de las capacidades de emprendimiento, con las consecuencias de pérdida de productividad y competitividad general, además de ser insostenible financieramente. A esto último es que se refirió el rey de Holanda, y a lo que se refieren muchos partidos y líderes europeos, CDU incluida, que necesariamente debe ser reformado, avanzando hacia la necesaria “co-responsabilidad” en el bienestar, pero en ningún caso se debe interpretar como el llamado al abandono de una política social que está en la raíz y el fundamento mismo de este modelo. Hace unos meses, la ministra de asuntos sociales de Francia, Mme. Marisol Touraine, en un interesante coloquio en la Universidad Central de Chile, nos afirmaba categóricamente que el estado del bienestar no estaba en discusión, sino su financiamiento. Y así como el rey holandés plantea una "sociedad de la participación", para connotar esa co-responsabilidad en el bienestar social, Felipe González y otros líderes plantean el concepto de una "sociedad del bienestar", pero todos apuntando a lo mismo. En América latina estamos entrando en un largo período electoral, empezando por Chile en noviembre, y seguido de varias elecciones presidenciales en otros países entre 2014 y 2015, que se dan en momentos en que la economía mundial, especialmente asiática, parece ralentizarse, parece muy oportuno que los programas de las candidaturas tomen en consideración este debate y la experiencia europea, y adopten las propuestas más adecuadas a cada realidad para asegurar políticas públicas apropiadas.

Etiquetas: , , , ,

jueves, septiembre 19, 2013

Carta desde una Europa en crisis

Carta desde una Europa en crisis
LA PARADOJA Y LA ESPERANZA  A PESAR DE TODO
Héctor Casanueva

Escribo esta columna desde Bucarest, capital de un país de reciente incorporación a la UE (2007), en el que hemos sido invitados a inaugurar el Instituto de Estudios Latinoamericanos (ISLA) de la National School of Political Studies and Public Administration, universidad pública nacida inmediatamente después del fin de la dictadura. El interés por América Latina es creciente en esta región, y en especial en Rumanía, de raíz y cultura latina, que se siente muy próximo a nosotros. Pero a la vez, su inserción en la UE representa la recuperación de la libertad para expresar y vivir valores que nunca dejaron de estar en la base de su cultura, y que emergieron con fuerza y entusiasmo después de la caída del comunismo. Esta es una de las tantas paradojas de Europa: mientras en los círculos intelectuales, políticos, y en la opinión “publicada”, de los países fundadores, se cuestiona el proyecto de integración, parece olvidado uno de los principales frutos, entre muchos, de dicho proceso, cual es su efecto político en el término de la división de Europa y la consiguiente integración de la mayor parte de las repúblicas ex soviéticas al proceso, y por consiguiente a la democracia, la libertad intelectual y económica. Y la paz, con mayúscula. Eso, pese a las dificultades y la crisis por todos conocidas. En pocos días más, también Croacia ingresará a la UE. Nadie ingresa a un club que se está muriendo.

Con un promedio de desempleo del 12% (en España el 25%), pero hasta el 50% de paro juvenil, se comprende el desencanto, y los fuegos apuntan a la incapacidad y lentitud de los líderes para dar un vuelco a una crisis que se arrastra ya un lustro. Sin embargo, paradoja, el escritor rumano Mircea Vasilescu escribió hace poco en El País sobre la UE, como “el paraíso de las negociaciones”, lo que sería un rasgo muy de agradecer visto desde países que vivieron duramente bajo el signo de la imposición. Dos jóvenes profesores de esta universidad, con los que he compartido estos días, fueron hace un tiempo, como muchos otros rumanos, beneficiarios del programa Erasmus, uno de los más exitosos e importantes de la UE, estudiando algunos semestres en universidades de Francia y España. Erasmus ha movilizado en veinte años casi tres millones de estudiantes europeos entre los países miembros, se ha extendido por el mundo, y ahora entra en una nueva etapa bajo el nombre de “Erasmus para todos”, abierto desde 2014 totalmente también a los intercambios fuera de Europa. Este, más el programa “Horizonte 2020” de ciencia, tecnología e innovación, son dos ejes de una apuesta de la UE para dar un giro en los próximos años en la competitividad y el empleo, especialmente juvenil. Otra paradoja, pues para ambos programas, la Comisión Europea ha incluido en su presupuesto 2014-2020 nada menos que un incremento del 64% de los fondos, una decisión política contracíclica valiente y decidida.

Más paradojas: leo en La Vanguardia, de Barcelona, que la UE destinará ahora un fondo adicional de 2.500 millones de euros (unos US. 3.300 millones) para luchar contra el analfabetismo en el mundo, ratificando su condición de primer contribuyente mundial en Ayuda Oficial al Desarrollo. Los grupos temáticos de Linkedin están poblados de llamamientos a integrar equipos técnicos multinacionales para proyectos en las más variadas disciplinas y emprendimientos, desde ciencias duras e investigación de frontera, hasta aplicaciones de potabilización del agua en África o América Central. Todo financiado por la UE.

En lo institucional, una muestra: Bruselas y el Tribunal de Justicia de la UE, tienen arrinconados a los bancos, especialmente de España, por las cláusulas abusivas en las hipotecas y por los desahucios y lanzamientos de los deudores que no pueden seguir pagando sus casas. ¿Los fundamentos? Los derechos humanos, la protección esencial a las personas, pilar de la integración. Más paradojas: hace un par de meses, la CE aprobó mil millones de euros para el Programa del Cerebro Humano, una investigación que pretende reproducir el funcionamiento del cerebro para combatir desde ese conocimiento las enfermedades como el Alzheimer, Parkinson, etc. y explorar formas de desarrollo de la inteligencia.

Si a esto agregamos que la UE sigue ocupando en América latina el primer lugar como inversionista (invierte en AL más que en Rusia, India y China juntas), y es primera también en ayuda al desarrollo, es el primer importador mundial de alimentos, y financia la investigación espacial desde Chile con el telescopio más grande del mundo, no podemos menos que reflexionar de manera optimista acerca de la fortaleza de los fundamentos de Europa.

El termómetro (las bolsas y los bonos), no basta para medir el estado de salud, hace falta también el scanner, que nos da una lectura real de las capacidades existentes para salir de las crisis, como ya lo ha hecho en el pasado. No ignoro, eso sí, otras cosas, como los estallidos de violencia en Suecia, similares a los de hace dos años en Francia, los problemas de la inmigración y tantos otros, que oscurecen el panorama y siembran la incertidumbre. Pero esas señales que menciono, son reales y sólidas. Además de ello, la UE entrará en un proceso electoral único el año próximo con las elecciones al Parlamento Europeo, para las que la Comisión (el ejecutivo comunitario) ha solicitado que los ciudadanos se pronuncien sobre la gobernabilidad misma de la UE. Allí se verán las caras los euro-pesimistas y los euro-realistas que defienden el proceso con ajustes. Euro-optimistas quedan pocos, pero los hay.

(*) Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE)



Etiquetas: , , , , , ,