lunes, agosto 31, 2015

 COMERCIO INTERNACIONAL, COMPETITIVIDAD Y DESARROLLO
Héctor Casanueva
De acuerdo con un informe de la OMC, el comercio internacional crecerá menos de lo previsto inicialmente, bajando sus proyecciones 2015 desde 5,3% al 4,0%, lejos del promedio de los últimos veinte años, que fue del 5,2%. Es una mala noticia, dada la relación entre comercio, crecimiento y desarrollo, que se retroalimentan en un círculo virtuoso. De hecho, la causa de esta desaceleración estaría en el menor crecimiento del PIB en China, la Unión Europea y en América latina, que repercute en una menor tasa de importaciones. Recordemos, por ejemplo, que la UE es el primer importador mundial de alimentos, y que China ha liderado durante los últimos diez años el crecimiento del PIB a nivel mundial.
Si aplicamos un escáner a la economía mundial, y en especial al comercio internacional, podemos encontrar causas endógenas y exógenas que ayudan a entender las razones de estas caídas, y por ende, apuntar a esos factores para revertir la situación, que puede transformarse en tendencia. A este respecto, podemos anotar tres de estas causas: en primer lugar, las tensiones geopolíticas, ambientales, sanitarias y los conflictos regionales afectan negativamente el crecimiento y el comercio internacional. En segundo lugar, el fenómeno de crecimiento sin empleo que caracteriza a algunas economías desarrolladas y en vías de desarrollo, o la precarización del mismo, que trae como consecuencia una menor participación de los salarios en el producto, y por lo tanto una menor incidencia en la demanda. Y en tercer lugar, los problemas de competitividad sistémica que afectan a los flujos comerciales, debido a mala infraestructura, normativas y procedimientos administrativos obsoletos, aduanas colapsadas, conectividad escasa o inexistente.
Según la Unctad, en una transacción aduanera media intervienen entre 20 y 30 partes diferentes, 40 documentos, 200 elementos de datos (30 de los cuales se repiten 30 veces como mínimo) y la necesidad de volver a escribir, por lo menos una vez más, entre el 60 y el 70% de todos los datos.
En materia de logística, o sea, la performance en transporte de carga, infraestructura, cadenas de suministro, procedimientos administrativos en frontera, sistemas de pago, entre otros factores, según el Informe del Banco Mundial “Connecting to Compite”, con los datos del “Logistic Performance Index 2014”, el top ten entre 160 países lo encabeza Alemania y lo ocupan otros seis países europeos, más Estados Unidos, Singapur y Japón, mientras que los latinoamericanos recién ocupan desde el lugar 42 con Chile, seguido de Panamá y México, llegando hasta el lugar 121 en el caso de Bolivia. La mayor parte de los últimos lugares de la tabla corresponde a países de menor desarrollo de África y algunos del Asia.
Sobre esto, conviene llamar la atención a lo siguiente, pues tiene directa relación con medidas en este sentido, que permitirían recuperar el crecimiento de las exportaciones e importaciones, en especial de los países en desarrollo: la Conferencia de Ministros de la OMC logró aprobar en diciembre de 2013, luego de un largo período de estancamiento de la Ronda Doha de negociaciones comerciales, un paquete de medidas de facilitación del comercio, conocido como el “Paquete de Bali”, destinado a dinamizar el intercambio mundial de productos, que según las estimaciones de la OCDE puede inyectar al crecimiento mundial más de 900 mil millones de dólares anuales y la creación de hasta 22 millones de empleos.

Pero su entrada en vigor está aún pendiente, ya que hasta la fecha no ha sido posible para los países miembros lograr un consenso para aprobar el protocolo que pondría en marcha el paquete de medidas.

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domingo, enero 16, 2011

MULTILATERALISMO

EL MULTILATERALISMO COMO RESPUESTA
Héctor Casanueva
A desafíos globales, respuestas globales. Estas sólo se pueden dar desde el multilateralismo, que después del fin de la guerra fría estuvo de capa caída -con una "prepotencia", doce "potencias" y ciento sesenta "impotencias"- pero que ahora al parecer vuelve por sus fueros. Cuatro ciudades han sido protagonistas en los últimos meses de este resurgir de la concertación global y la mirada estratégica: en Seúl, el G-20 comenzó a dejar atrás, tímidamente, es cierto, el Consenso de Washington, para avanzar en un diseño del desarrollo con más contenido de políticas públicas y mayor relevancia del Estado; en Cancún, también tímidamente pero al parecer de manera irreversible, se avanzó en un consenso sobre cambio climático y medidas concretas, que pueden llegar a sustituir para mejor el Protocolo de Kioto y superar la frustración de Copenhagen; en Bruselas, hace unos días, la Unión Europea dio un paso político difícil -reformar el Tratado de Lisboa a sólo un año de su vigencia- para dar cabida a lo que podría ser el embrión de un FMI europeo, un fondo de estabilización que defenderá a capa y espada la moneda y la unión económica y monetaria, y de paso la estabilidad financiera mundial;.
Finalmente, en Foz de Iguazú, ciudad fronteriza de Brasil y Paraguay, el Mercosur decide un avance institucional muy importante, la creación de la Alta Autoridad común, que es un paso más hacia la supranacionalidad, y una agenda social común para profundizar el proceso, como soporte de las decisiones económicas instrumentales adoptadas en San Juan seis meses antes.
Aparte de la dimensión propiamente multilateral de estas decisiones -que rescatan el viejo pero olvidado aforismo de "la unión hace la fuerza"- hay ciertos elementos comunes que hacen pensar efectivamente en que a fuerza de costalazos, vamos poniéndonos en la senda correcta. Uno, que en estas decisiones han participado por igual grandes y chicos, "potencias" e "impotencias"; Dos, que la interdependencia obliga a entenderse; Tres, que la globalización trae aparejados desafíos comunes que no respetan fronteras ni tamaños, como las migraciones, el clima, la energía y las patologías internacionales como el narcotráfico o el cibercrimen; cuatro, que las comunicaciones han empoderado a los ciudadanos de tal modo que junto con la prensa ya no es posible que los grandes -tampoco los chicos- hagan lo que les de la gana. Y por último, que poco a poco se va infiltrando una conciencia moral colectiva para arrinconar a los especuladores que han tomado de rehén al Estado en contra de los intereses comunes.
La velocidad de los cambios en esta dirección es lo que resta por resolver, porque lo que va de una cumbre a otra, y la implementación de lo acordado, son tiempos demasiado largos para los ciudadanos de a pie. Ahí entra entonces la voluntad política y el liderazgo de nuestros dirigentes. El mundo necesita líderes capaces de dar el salto cualitativo en el momento preciso. No se ven muchos en el horizonte, pero algunos hay que parece que se atreven, sin retórica excesiva ni parafernalias, incluso aquellos que son un poco aburridos, pero hacen avanzar. Pienso en Merkel, Zapatero, Van Rompuy. También en Lula, Ban Ki Moon, Calderón. Y países emergentes que pueden jugar un rol del denominado "liderazgo conceptual", como Chile, si nos atrevemos.

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