lunes, agosto 31, 2015

COSTOS DEL COMERCIO INTERNACIONAL FRENAN EL CRECIMIENTO
Héctor Casanueva
La Organización Mundial de Comercio (OMC) está empeñada en reducir sustancialmente los altos costos de las transacciones comerciales internacionales, que frenan globalmente la competitividad, el crecimiento y la creación de empleos. Principalmente afectan a los países en desarrollo y los menos adelantados, en especial a las pymes. Se trata de variados costos que no tienen que ver con aranceles, sino con lo que el Director General de la OMC llama “soft infrastructure”, es decir, barreras administrativas, trámites innecesarios o duplicados, procedimientos lentos e ineficientes en las fronteras, certificaciones inadecuadas, además de normativas que no favorecen un ambiente pro-exportador. Para la OMC, reducir la pobreza, y alinearse con la Agenda global Post 2015 de desarrollo inclusivo y sostenible, exige hacer más para reducir los costos del comercio internacional.
Hay datos elocuentes de la OCDE, el World Economic Forum, la Unctad y la propia OMC, sobre el impacto que tendría en el comercio global y en los empleos la reducción significativa de estos costos.
La reducción de barreras al comercio a un nivel equivalente a la media de las buenas prácticas aplicables globalmente, representaría un incremento en los ingresos globales hasta de US$40 mil millones, reduciría casi en 15% los costos para los países de bajo ingreso y 10% para los países de altos ingresos. Un día menos de demora y manejo logístico en una frontera terrestre, puede representar 1% de incremento del comercio. Según la Unctad, en una transacción aduanera media intervienen entre 20 y 30 partes diferentes, 40 documentos, 200 elementos de datos (30 de los cuales se repiten 30 veces como mínimo) y la necesidad de volver a escribir, por lo menos una vez más, entre el 60 y el 70% de todos los datos.
Hay tráfico fronterizo en determinadas regiones del mundo en que el paso de un país a otro puede significar de siete a 15 días, y los trámites para exportar pueden tomar de 40 a 60 días. Es una de las razones, de que en África sólo 5% de los alimentos básicos provienen del comercio entre sus países. En América latina, el comercio intrarregional no supera el 20%, en parte por la falta de conectividad o malas prácticas administrativas.
A esto se suman, por cierto, los problemas de la “hard infrastructure”, como carreteras, puertos, corredores regionales y otros. El Banco Mundial, el BID, el Banco Asiático o el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (en creación), apuntan a mejorar la conectividad física que está limitando el flujo comercial internacional y regional.

Por su parte la OMC, en el marco de sus competencias y capacidades, contribuye desde las negociaciones comerciales, la vigilancia de la correcta aplicación de las reglas acordadas, la solución de diferencias y la creación de capacidades comerciales, a dinamizar y ampliar los flujos internacionales. Y en concreto en cuanto a la “soft infraestructure”, uno de los más relevantes avances recientes de la OMC es el Acuerdo de Facilitación de Comercio (AFC), en fase de ratificación por sus 161 miembros, que apunta al corazón del problema, y representará un incremento de hasta un trillón de dólares en la economía mundial y la creación de unos 18 millones de nuevos empleos. El impulso complementario a este acuerdo, proviene de su programa “AID FOR TRADE”, que cumple en estos días su quinto ejercicio de revisión, y que es apoyado también por el Grupo Banco Mundial, que cuenta con un fondo especial de donantes, para proyectos de asistencia técnica y creación de capacidades en facilitación de comercio para los países en desarrollo y menos adelantados. 

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DESAFÍOS DEL COMERCIO INTERNACIONAL
 Héctor Casanueva

Para el 2050 habrá dos mil millones de personas más en el mundo, las clases medias representarán el 30% del total global, el 80 % de la población mundial vivirá en zonas urbanas, el mayor crecimiento demográfico se producirá en los países emergentes y menos desarrollados, y la red internet, que ya utiliza cerca del 40% de la humanidad, crecerá hasta cubrir el planeta. Satisfacer la demanda de alimentos y servicios de nueve mil millones de personas, con una estructura poblacional y socioeconómica como esta, solo es posible mediante el libre, suficiente, seguro, eficiente y equitativo flujo comercial internacional.

Estos requerimientos involucran al comercio de bienes y de servicios asociados, que al mismo tiempo necesita de un entorno macroeconómico estable, con sustentabilidad ambiental. Los datos aportados, por sí solos constituyen un referente y un horizonte para las decisiones estratégicas que deben ser abordadas hoy tanto a escala nacional como global, para las cuales las instituciones públicas, el sector privado y el sistema internacional económico, financiero y comercial necesitan estar preparados. Ello implica, tanto para la propia institucionalidad como para los países miembros, mirar prospectivamente, adecuar la arquitectura de acuerdos y procedimientos a un escenario de multidependencia ineludible, y gestionar el presente a partir de escenarios de futuros deseables y posibles.

La Organización Mundial del Comercio, instituida por el Acuerdo de Marrakech de 1994 y establecida el 1 de enero de 1995, es la más joven institución del orden económico internacional (entre otras como el Banco Mundial, el FMI, la UNCTAD). Representa el sistema multilateral de comercio del que participan 160 países (la más reciente integración ha sido, en junio, la de la República de Yemen), y constituye asimismo el foro multilateral que resguarda el cumplimiento de las reglas del comercio internacional y donde se deben resolver las diferencias entre sus miembros.

La OMC lleva adelante desde el 2001, con la llamada Ronda de Doha, un complejo proceso de negociaciones que, en mi opinión, apunta en esta dirección de futuro. Si bien los países miembros no han logrado cerrar los 21 temas del Programa de Desarrollo de Doha, que tienen por fin ampliar y profundizar la apertura comercial multilateral que históricamente comenzó en 1947 con el GATT, la OMC en sus dos décadas ha ido incorporando al acervo común, con mayor o menor amplitud y profundidad, nuevos temas, como las telecomunicaciones, las nuevas tecnologías de la información, los servicios financieros y algunos temas de propiedad intelectual relacionados con el comercio, en un proceso constante de negociaciones y acuerdos bilaterales y plurilaterales entre sus miembros.

El aporte de la OMC de alcance global más significativo a la mayor apertura del comercio, el primero adoptado por todos los miembros desde su creación, es el acuerdo alcanzado a nivel ministerial en Indonesia el 7 de diciembre de 2013, conocido también como “Paquete de Bali”, que comprende un acuerdo sobre facilitación del comercio, temas del comercio agrícola y temas de desarrollo, incluida la situación de los países menos adelantados, cuyo objeto es dar mayor agilidad a las operaciones del comercio de bienes, eliminar barreras burocráticas, simplificar procedimientos y normas, remover obstáculos, y a la vez apoyar la incorporación de los países menos adelantados a las cadenas de valor. Se estima que la plena vigencia del acuerdo, que tomará aún un tiempo en ser implementado por todos los miembros, tiene un potencial de expansión comercial de largo plazo que podría contribuir a aumentar el PIB mundial en más de US$ 960 mil millones anuales. Bali no sustituye ni menos aún interrumpe la negociación global más amplia de la Ronda de Doha; más bien constituye una reafirmación de la posibilidad de alcanzar multilateralmente metas aún más ambiciosas como las contenidas en el Programa de Doha para el Desarrollo.

¿Qué tiene que ver todo esto con Ud. como trabajador, profesional, empresario y consumidor? 

Prácticamente todo: la generación de empleos, el incremento de los salarios reales, la calidad de los productos y servicios, la seguridad de los alimentos que consumimos, los mejoramientos en los servicios, el transporte, incluso la internacionalización de la educación y la circulación de profesionales, entre otros, dependen de la existencia de normas claras y seguras que protejan los intereses de los consumidores, estimulen las exportaciones e importaciones, eliminen distorsiones o barreras y produzcan equidad y fair play en el comercio internacional. Según ha informado el Director General de la OMC, solo en términos de empleo la vigencia del acuerdo de facilitación de comercio, un mandato de la Ministerial de Bali, podría generar hasta 2 millones de nuevos puestos de trabajo, la mayoría en los países de menor desarrollo.


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