sábado, febrero 11, 2012

Europa y el Euro

EUROPA Y LOS DIEZ AÑOS DEL EURO

Héctor Casanueva

El 1 de enero se celebraron diez años de la introducción del Euro como moneda única en la Unión Europea. No es el momento para fuegos artificiales, pero la crisis financiera del Viejo Continente puede ser vista como una oportunidad para completar las cuestiones pendientes de la unión monetaria, que en parte importante explican precisamente la crisis. La adopción del Euro fue uno de los mayores desafíos de la integración europea, paso imprescindible para la unión económica y monetaria, sustento a su vez del mercado único y de la competitividad frente al exterior. Hoy lo utilizan más de trescientos treinta millones de personas, de los diecisiete países que integran la zona Euro, la que se debería ir completando hasta llegar a todos los miembros de la UE, salvo Gran Bretaña y Dinamarca que tienen una cláusula de exclusión, si bien no están impedidos de adoptarlo cuando lo decidan. Países candidatos a la UE, como Croacia o Islandia, deberán introducirlo una vez producida su adhesión. Estados no miembros de la UE, como Bosnia, Kosovo, o el Vaticano, también lo utilizan, e incluso Corea del Norte usa el Euro para sus intercambios comerciales. En Chile, el 33% de las reservas internacionales están constituidas en Euros.

Hay incertidumbre sobre la permanencia de la divisa, en medio de un cuestionamiento al proceso de integración, pues moneda única e integración son inseparables. Las instituciones de la UE y los países de la zona Euro han manejado la crisis con altibajos, idas y venidas, lentitud en las decisiones de una institucionalidad supranacional limitada, pero siempre en defensa de la moneda y del proceso, con medidas importantes como la creación de fondos y sistemas de apoyo a los países en riesgo, reforzadas con recientes decisiones para la gobernabilidad económica, disciplina fiscal e inyectar más recursos. La estabilidad, el crecimiento, la competitividad y el empleo, son los parámetros por los que será medido el manejo de la crisis y las bondades de la integración. Ello se refleja en la propuesta de reforma del Tratado, y en el presupuesto 2014-2020.

La UE, aún en plena crisis, es la primera potencia comercial y el primer importador de alimentos del mundo. En América latina es el primer inversionista, segundo socio comercial y fuente de cooperación. Pero como la UE no es solo un proceso económico, al que todos estamos ligados al ser el Euro la segunda moneda internacional, sino además un proyecto de paz y cooperación, que contribuye a los equilibrios geopolíticos necesarios para avanzar en la gobernabilidad internacional, lo que se juega en Europa es la estabilidad global, y para un país como Chile, abierto al mundo, esto es esencial.

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Relaciones Eurolatinoamericanas

América Latina y la mirada corta

HÉCTOR CASANUEVA

La reunión de la Comunidad Iberoamericana de Naciones realizada en noviembre 2011 en Asunción brilló más que por las deliberaciones y acuerdos, por las notorias ausencias de la mitad de los mandatarios convocados. Y entre ellas, faltaron nada menos que los tres socios de Paraguay en el Mercosur, dos de los cuales -Argentina y Brasil- constituyen el 90% del bloque y son miembros del G-20.

El diario español El País, del que se hicieron eco otros medios, plantea incluso que con este hecho América latina demuestra que le está dando la espalda a Europa y mira de frente al Asia, más concretamente aún, a China. Otros consideran que se trata de una vuelta de espalda a España y al hecho que Zapatero y el PSOE van de salida. Hay otras interpretaciones para la ausencia de los mercosurianos, como el poco peso político de Paraguay, las disputas internas, o la fatiga de cumbres que obliga a priorizar. De hecho las presidentas de Argentina y Brasil estuvieron en Cannes en la cumbre del G-20 junto a los líderes de las naciones más ricas del mundo. También las que tienen más problemas, es verdad.

Lo sucedido en Asunción debe hacer reflexionar a nuestros líderes, a los formadores de opinión, a la opinión pública y a la “opinión publicada”. Por una parte, es cierto, hay que evitar la saturación de cumbres presidenciales, espaciarlas, destinarlas a las cuestiones centrales de la construcción de un futuro común. Limitar en todo lo posible la parafernalia. Darle a las reuniones un sentido superior que sea visible y a la vez trascendente -los presidentes no pueden reunirse solo para aprobar declaraciones finales o tratar cuestiones técnicas previamente acordadas-, mostrar un camino, dar orientaciones de rumbo y destino. Buscar el “máximo común denominador”, y preservar el sentido de comunidad, es decir, de “común-unidad”.

Pero sobretodo, lo ocurrido en la cita debe servir de lección para la que viene, más amplia y difícil, en la que se repiten muchos de los actores: la VII Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe, a celebrarse en Santiago de Chile en enero 2013. Si las razones de las ausencias en Asunción tienen que ver con cálculos coyunturales que supondrían la necesidad de prescindir de Europa, para volcarse al Asia, como dicen algunos analistas, estaríamos en el escenario equivocado y cometiendo un grave error político y estratégico. Esa es la mirada corta que tanto mal nos ha hecho como región. Una inserción inteligente de América latina en la globalidad requiere mirar al largo plazo, estratégicamente, para trabajar una sinergia de relacionamientos -con Estados Unidos, el Asia, Europa-, y no una sustitución de un referente por otro. Menos aún tratándose de Europa, un socio natural con el que hay coincidencias políticas, valóricas e intereses compartidos que deben trascender la coyuntura.

En el pasado reciente Europa ha sido, y sigue siendo, un apoyo en la democratización y el desarrollo de la región, como nuestra primera fuente de cooperación social, científica y tecnológica; primer inversionista y segundo socio comercial. La relación actual con el Asia y China en particular es deseable y conveniente, no como sustitución de una Europa con problemas pero fuerte en sus fundamentos, sino como complemento. De hecho, China es ya el primer socio comercial de Europa. ¿Significa ello que la UE dejará de lado a América latina? Si nosotros insistimos en hacer algo así, habría que ver qué va a pasar en los debates sobre política exterior al interior de la UE, y cuantos Jefes de Estado y de Gobierno europeos estarán dispuestos a venir a la VII Cumbre el 2013. Un alejamiento de ambas regiones no conviene a ninguna de las dos, ni a los equilibrios geopolíticos globales. Pero sin duda menos aún a América Latina.

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lunes, diciembre 12, 2011

SOBRE LA CRISIS EUROPEA

EUROPA: SUPERANDO LA CRISIS ¿SIN AMÉRICA LATINA?

Héctor Casanueva

Con motivo de esta crisis, se ha criticado mucho la lentitud de la UE para tomar decisiones, ya sea de sus órganos comunes, como entre los países. Pero la evidencia histórica demuestra que con este sistema, ha logrado acuerdos irreversibles hacia una zona de paz y desarrollo como nunca en su historia. Un escritor rumano –Mircea Vasillescu- la denomina “el paraíso de las negociaciones”, y Jacques Delors solía decir que para construir la integración había que “negociar y negociar y negociar, y cuando sea ya imposible llegar a un acuerdo, hay que….seguir negociando”. La reciente Cumbre es un ejemplo de ello. El acuerdo alcanzado por los diecisiete países de la zona Euro en el marco de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE, al que se sumarán a lo menos otros seis miembros de la Unión, es fruto de esa enorme capacidad de negociación y de llegar a acuerdos “in extremis”, que es ya una impronta europea, con la que se ha ido construyendo la integración del viejo continente. De esta reunión, luego de largos meses de idas y venidas -inevitable periplo político-diplomático para tomar decisiones en una zona integrada con instituciones parcialmente supranacionales- la UE logra afianzar y profundizar el proceso avanzando hacia más integración, con mayor disciplina comunitaria y reforzamiento de la capacidad de las instituciones comunes, para hacer cumplir los compromisos. Un paso más hacia la real Unión Política que los líderes históricos propusieron.

Es sintomático que el primer ministro británico ha sido objeto de fuertes críticas dentro del Reino Unido, por restarse al acuerdo por el Euro y la gobernabilidad económico-financiera. Si bien ello no influye en lo específico, pues no forman parte de la zona Euro, la reticencia británica –por lo demás habitual, como apuntó Merkel- en esta ocasión implica para Gran Bretaña un serio riesgo de quedar fuera de un proceso que sigue avanzando, con socios fuertemente cohesionados y dispuestos a profundizar la integración con más supranacionalidad.

Otro aspecto a destacar, en este contexto, es la firma de la incorporación de Croacia, y el examen de las candidaturas de Serbia y Montenegro, además de la antigua pero más complicada de Turquía. Porque nadie quiere entrar a una asociación si se está derrumbando.

También cabe señalar que las positivas reacciones de los mercados ante las decisiones de estabilización financiera, demuestran tal vez el comienzo de una saludable disminución de la influencia excesiva de las clasificadoras, que han tenido por las cuerdas a varios gobiernos y al euro mismo, cuya última manifestación había sido las amenazas previas de Standard and Poors, cuyo índice, curiosamente, es ahora uno de los que más sube. Ya se ha hecho bastante caudal del hecho de que las clasificadoras contribuyan a las profecías autocumplidas, y luego cuando se revierten obtienen importantes beneficios.

Hasta aquí, todo bien. Pero añado una nota de preocupación en una perspectiva global y de largo plazo: la semana pasada, en paralelo al desarrollo de los ajustes previos a la Cumbre, el comisario de desarrollo de la Comisión Europea, Andris Piebalgs, hizo un anuncio sobre cooperación que significa excluir a once países latinoamericanos de los programas de ayuda al desarrollo a partir de 2014, si bien en estos casos se supone que se mantendría en parte la cooperación en ciencia y tecnología. Que al mismo tiempo que la UE avanza en su reforzamiento, se sacrifique su relación estratégica con América latina no se corresponde ni con sus propios intereses, de contar con aliados estratégicos naturales, ni con lo señalado por la Comisión Europea en su documento sobre “Europa y América Latina, una sociedad de actores globales” presentado a la Cumbre UE-ALC de Madrid el 2010, como una alianza de largo plazo, que buscaba fortalecer una América latina que le aporte masa crítica política y económica. Este cambio de postura sin duda impactará negativamente en la próxima cumbre eurolatinoamericana que debe realizarse en Chile, especialmente en momentos en que la UE requiere además, del apoyo de los organismos financieros internacionales, en los que Brasil y México -dos de los excluidos- ya van pisando fuerte.

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domingo, septiembre 25, 2011

IGP

A propósito de Europa

Europa, Europa…….

Héctor Casanueva

Director Ejecutivo del Centro latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE). Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia

La paradoja constante parece haberse instalado en Europa, para regocijo de los euroescépticos y preocupación de los europtimistas, de ambos lados del Atlántico, que miramos siempre a Europa como una reserva cultural, guardiana de los derechos humanos, y ejemplo de sensatez política, capaz de preservar la paz, el desarrollo y la cooperación.

Dos hechos se suman a la incertidumbre que hace tiempo se ha instalado en el Viejo Continente sobre su futuro. El relativo cierre de fronteras interiores a las personas (no así a las mercancías), y los vaivenes en la solución de la crisis financiera. El Consejo Europeo hace unos meses abrió la puerta a una modificación del reglamento del Tratado de Schengen, instrumento jurídico creado para garantizar una de las libertades básicas y pilar de la integración, cual es la libre circulación de personas. A raíz de la oleada de inmigrantes del norte de Africa, producto de los acontecimientos del mundo árabe, algunos estados presionaron al resto para condicionar esta libertad. La razón esgrimida es la imposibilidad de contener el paso de los inmigrantes por Europa una vez que han traspasado sus fronteras interiores. Las consecuencias de esta decisión, si bien sujeta a verificaciones y reglas, afectan no solamente a los inmigrantes ilegales o recientes, sino a todo aquel que lo sea, legal o no, puesto que no es posible discriminar a priori quien lo es y quien no. Y afectará igualmente a ciudadanos de los países del Este incorporados a la Unión, a los gitanos de diferentes partes y todo aquel cuyos rasgos físicos hagan "sospechar" que se trata de un inmigrante.

Otro hecho esencial, es el limitado avance en el establecimiento del gobierno económico, destinado originalmente a garantizar la estabilidad económica y financiera, mediante la responsabilidad compartida. Responsabilidad presente ya en Maastricht, como base de la unión económica y monetaria, que ningún país ha cumplido a cabalidad. Los propósitos de Lisboa de aumentar la competitividad y el empleo se han visto mediatizados por estos incumplimientos, cuya máxima expresión es hoy día Grecia, pero que se extiende a los peyorativamente denominados “PIGS” (Portugal, Irlanda, Grecia y España).

Ello es resentido por la ciudadanía, en particular los jóvenes (los mileuristas y los ni-nis, que o ganan apenas mil euros, o ni trabajan ni estudian), indignados en busca de respuestas.

La falta de rigor en la aplicación de los acuerdos de hace una década, sin el compromiso básico de una sociedad, genera estos riesgos y consecuencias, de creciente desafección por el proyecto, el que sin embargo es el que, paradojalmente, aún con sus imperfecciones, ha dado sesenta años de paz y cooperación, y un razonable desarrollo social, económico y científico.

Mala cosa, un paso atrás en la integración europea, que hace meditar sobre la incapacidad comunitaria de articular soluciones viables sin vulnerar los principios esenciales de su proyecto político. Los vaivenes en la solución de la crisis, las decisiones que tardan una enormidad en implementarse, las reticencias a meterse la mano al bolsillo solidariamente, aunque siempre la solidaridad paga para todos, las paradojas de que las grandes empresas tengan grandes excedentes de capital y ganancias, los clubes de fútbol con presupuestos multimillonarios que pagan hasta 200 millones por un jugador, mientras el paro en España llega al 21% y el juvenil al 42%, y en el resto de Europa al 10%, que ya es demasiado. ¿Qué es todo esto? ¿Fatiga institucional? ¿Falta de liderazgo político, o modificación del paradigma?

En América latina estamos confundidos y hasta estupefactos mirando a Europa, por mucho tiempo y desde la segunda postguerra nuestro paradigma de sensatez política, articulación económica y bienestar social.

En Santiago de Chile, hace un par de meses, se reunieron en la CEPAL expertos europeos y latinoamericanos convocados por dos think tanks de las relaciones euro-latinoamericanas (CELARE y Fundación Carolina), para analizar lo que sucede en Europa, sus consecuencias para América latina y el contexto estratégico global. Lo mismo están haciendo otras redes de académicos eurolatinoamericanas, en Argentina, en Uruguay, en Brasil, Ecuador, no solo para comprendser lo que pasa allí, sino para ver si juntos podemos articular propuestas que hacer llegar a los tomadores de decisiones y al sistema internacional, que ayuden a perfilar soluciones. Un aporte desde la sociedad civil, ante la fatiga de Europa, que es mal ejemplo para nosotros. Tal vez sea América latina un aliado para darle vitalidad, en una asociación de actores globales, como la ha llamado el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, que deberíamos explicitar y concretar claramente en la próxima Cumbre UE-ALC de Santiago de Chile de 2012.

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¿Hacia dónde quiere ir Europa?

Este texto corresponde a la Introducción del libro “EUROPA FRENTE A EUROPA”, editado por el Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Concepción (Chile), mayo de 2010

¿HACIA DÓNDE QUIERE IR EUROPA?

Héctor Casanueva

Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE). Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia (UPV)

No podemos dejar de pensar con el título de este libro en Alicia frente al espejo. Pero también podríamos pensar en ese diálogo de Alicia con el gato de Chesire:

Pregunta Alicia: “¿Qué camino debo seguir?

Contrapregunta el gato: “¿Hacia dónde quieres ir?”.

Dice ella: “No lo se en realidad”.

Sentencia el gato: “Entonces da lo mismo el camino”.

¿Sabe Europa hacia donde quiere ir?

Desde luego, sabe muy bien de donde viene, y por ello sabe muy bien hacia donde NO quiere ir, dada la experiencia de confrontación vivida con las dos últimas guerras mundiales, las más cercanas de la ex Yugoslavia o las aún latentes en la Federación Rusa post desmantelamiento de la Unión Soviética. La Europa-Alicia respondió bien en su momento a la pregunta sobre hacia donde quería ir: hacia una zona de paz. Y entonces el camino a seguir estaba claro: la integración. O a la inversa: quería ir hacia la integración, y el camino era la paz. Nuevamente, el espejo.

La paz y la cooperación han sido la base de la construcción de la Europa comunitaria, un proceso que ha eliminado prácticamente las hipótesis de conflicto entre estados dentro de sus fronteras.

Los Panzers y soldados alemanes desfilando en los campos Elíseos el 14 de julio de 1994 junto a las fuerzas armadas francesas, iniciativa conjunta de Kohl y Mitterrand -que por supuesto no fue unánimemente comprendida- significó todo un símbolo, muy oportuno además por el momento que vivía el proceso de integración, y puso de manifiesto de manera inequívoca la voluntad política de sepultar de una vez divisiones centenarias, pero sobretodo de que las personas quieren paz, que es la condición necesaria para el desarrollo.

Panzers en Les Champs Elysées después de cincuenta años, quién lo podía creer. Menos aún por estos lados, en nuestra región, cuando aún no restañamos las heridas ni dejamos de lado los agravios y viejos rencores de hace un siglo y medio.

La Unión Europea se ha ido haciendo a base de símbolos, de ideas-fuerza, de retórica, de liderazgos, de avances y retrocesos, de burocracias abultadas y profesionales creativos, de complementariedades y competencia, de compromisos e incomprensiones, de sinergias y fuerzas centrífugas contenidas, de gente que se desplaza, de inmigrantes que llegan a como de lugar, de alianzas transnacionales y guerra fría, de culpas y catarsis, todo ello a la vez, en un proceso extremadamente complejo, pero con una extraordinaria voluntad política y una simplicidad de fondo: la unión hace la fuerza, y la fuerza compartida, potenciada gracias a la cooperación, hace la integración, y la integración es, nuevamente, la paz.

Europa supo después de la segunda gran guerra adonde quería ir, y eligió el camino consecuente.

¿Sabe ahora hacia dónde quiere ir?

Europa frente a Europa, se mira al espejo y no sabe con certeza qué hay tras el espejo. Es que las certezas ya no existen, y el futuro no es lo que era.

Pero, sigamos con las referencias a cuentos que nos trasmiten sabiduría y sensatez: ya no se ven entre los árboles las orejas del lobo de la guerra, así que podemos jugar otra vez desaprensivamente, o sea, podemos por ejemplo poner en tensión la institucionalidad comunitaria expulsando a una etnia, los gitanos, no importa lo que diga el Consejo Europeo o la condena del Parlamento y de millones de ciudadanos conscientes. Podemos exacerbar la xenofobia y el racismo, y expulsar a los extranjeros. Podemos negar la realidad y bloquear las reformas que asegurarán la sostenibilidad de las pensiones. Podemos cerrar los ojos ante de la globalización y la creciente competitividad de China e India. También podemos ignorar a las demás culturas y religiones que están dentro y fuera de las fronteras. Podemos reinstalar la idea de la fortaleza europea para resolver los males que nos aquejan, que son culpa del empedrado externo. Podemos, en fin, olvidar de donde venimos, porque ya habríamos llegado.

Sin embargo no es así. Las enormes dificultades que tuvo la aprobación del Tratado de Lisboa, considerado por sus opositores como intervencionista o inútil, o las dos cosas, son demostrativas de que algo no funciona bien en el proceso de integración. Porque este Tratado, que pretende dar el impulso político y enmarcar institucionalmente una estrategia de largo plazo para la competitividad, el crecimiento y el empleo, marca un rumbo no suficientemente comprendido por los ciudadanos, y ni siquiera por muchos políticos. Tampoco por algunos de los nuevos países miembros, díscolos a la hora de darle su respaldo. Pero también es cierto que el Tratado y la estrategia de Lisboa no son suficientes para mostrar el punto de llegada, o sea, para mostrar hacia donde quiere ir Europa ahora, en este Siglo XXI de tantas incertidumbres y a la vez de tantas oportunidades. Tan es así, que en simultáneo con el lanzamiento de la estrategia y del Tratado mismo, hace unos años, el Consejo encargó al llamado exageradamente “Grupo de Sabios”, coordinado por Felipe González, que prefiere llamarlo “Grupo de Reflexión”, la elaboración de un documento sobre la Europa del futuro, que debía entregar luces sobre hacia donde se quiere ir y como. Por su parte la Comisión, presidida por Durao Barroso, inició un estudio sobre la Estrategia 2020 y otro, menos publicitado pero sin dudas de igual calado, sobre la situación de la seguridad social en el horizonte del 2060.

Los tres documentos son relevantes, y fueron presentados públicamente en el primer semestre de este año. Incluso, significativamente, el Informe sobre la Europa 2030 fue entregado al presidente Rompuy el mismo día en que se celebraban los sesenta años de la Declaración Schuman. Los tres documentos -a los que sumaría por su importancia estratégica la comunicación de la Comisión sobre la asociación con América latina como “actores globales”, ratificada en la VI Cumbre de Madrid, y la Resolución del Parlamento Europeo sobre las relaciones con América latina- son complementarios y revelan una voluntad política de la dirigencia europea y de la opinión ilustrada. Representan una toma de conciencia de lo que está en juego en el mundo, del terreno resbaladizo de la era global en el que a todos nos toca movernos hoy, de que los viejos paradigmas -y las viejas estructuras sociales, del estado, de la economía, de las comunicaciones- ya no sirven o sirven muy poco y solo en todo caso para construir a partir de ellos los nuevos paradigmas y el nuevo orden social a escala global.

Pero esta toma de conciencia, si bien es un paso, y las propuestas que de ella se derivan son un camino para fortalecer Europa, no es suficiente. Caracterizan autocríticamente la realidad, el entorno y proponen un camino. Pero subsiste la pregunta:

-¿Hacia dónde quieres ir?

El análisis de los documentos citados podría conducir a una respuesta: queremos ir hacia más Europa. Es decir, hacia una profundización de la integración, un reforzamiento de las instituciones, más ciudadanía y cultura europea, más sostenibilidad del Estado del Bienestar -Felipe González propone, acertadamente, cambiar el concepto por “sociedad del bienestar”, cambiando el eje de la responsabilidad hacia todos y no sólo hacia el ente llamado Estado- más cooperación, desarrollo y una paz permanente.

Más Europa significa también y fundamentalmente preservar los valores que dieron origen a lo que conocemos como cultura europea: los derechos humanos, la solidaridad, la cooperación internacional. Ello contrasta, sin embargo, con las conductas divergentes de muchos ciudadanos y políticos, porque no todos están entendiendo lo mismo. Unos consideran que más Europa se construye de puertas adentro, en oposición a un entorno que se percibe hostil y amenazante. Otros, como los autores de estos informes y muchos analistas, consideran que más Europa significa fortalecerse internamente abriéndose al entorno, situándose en él para asegurar que el nuevo orden mundial se construya con los valores europeos. Dicho de otro modo: la única forma de fortalecer a Europa es que la globalización adopte los valores europeos. Esto, que puede ser acusado, como antaño, de eurocentrista y a eso tendrán que responder sus líderes, tiene toda lógica: la permeabilidad de los sistemas políticos, económicos y de la propia cultura es una tónica de la era global. Construir la nueva Europa, o la Europa del futuro, o refundarla, como dice González, parapetados en las fronteras como si estuviéramos en el siglo XIX, cuando el siglo XXI ya nos trajo dos crisis globales y un fundamentalismo desafiante y agresivo, es insensato, y lo que corresponde a la Unión Europea es contribuir con su liderazgo conceptual y el desarrollo de su competitividad sistémica a la creación de un mundo nuevo, una comunidad global con una arquitectura institucional que garantice la gobernanza, la cooperación y una sociedad del bienestar global, para segurar su presente y su futuro.

¿Hacia donde quieres ir?

La respuesta parece ser, entonces, hacia un nuevo mundo -fundamentos para ello podemos encontrar en los artículos de este libro- y el camino sería el de las alianzas globales, como la propuesta en Madrid con América latina -hoy la región que mejor parada está ante las crisis sistémicas-; como la nueva alianza transatlántica que se propone con Estados Unidos; como la alianza euromediterranea; la cooperación con China; la convivencia cooperativa con Rusia. Pero el camino también pasa por el diálogo inter-religioso, abrirse a la interculturalidad e incluso, aunque resulte temerario plantearlo, a una redefinición de Europa sin olvidar las raíces y distintas visiones que han alimentado su identidad.

¿Qué falta para tener la respuesta completa y el compromiso de todos, como pide el Informe del 2030?

Faltan todavía los ciudadanos, ampliar los espacios de participación, intensificar la llegada a los hogares, a las escuelas, universidades, sindicatos, en una labor de sensibilización que es un imperativo para los líderes, un desafío de pedagogía social y política que falta acometer con más fuerza, para abrir las conciencias y las voluntades a la comprensión de que el futuro es global, y en esa construcción Europa debe participar en su propio interés y en el de la comunidad internacional.

En esta línea, “Europa frente a Europa” reúne aportes desde diferentes disciplinas y miradas, que convergen en lo central: en el desafío contemporáneo que se le presenta al continente, empezando por mirarse a sí misma en un espejo que no le devuelve la imagen de hace sesenta años y ni siquiera la actual, sino una imagen difusa que sólo es posible ver con claridad traspasándolo.

Santiago, septiembre de 2010


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viernes, mayo 27, 2011

Sobre las calificadoras de riesgo y la crisis financiera

Calificadoras: Quis custodiet ipsos custodes?

Héctor Casanueva

Hace unos días nos enteramos que la calificadora de riesgos Standard & Poor´s envió una “señal” sobre la economía de Estados Unidos, manteniendo su rating de deuda pero bajando la perspectiva a negativa, lo que de inmediato hizo caer las principales bolsas del mundo, afectando también al dólar. Lo hizo dando por supuesta una incapacidad de los congresistas para ponerse de acuerdo con respecto al presupuesto federal en el 2013. En Europa, los gobiernos de España, Portugal, Irlanda, Grecia, y otros que no se muestran tanto, pero que también están en la misma, viven en la cuerda floja, atentos a lo que puedan decir las calificadoras sobre su deuda, la solvencia, las perspectivas, y todo aquello que tenga que ver con la estabilidad económica y financiera, incluidos los avatares políticos, como la reciente elección en Finlandia y su disputa con el Reino Unido por la crisis de los bancos. Hace unas semanas, la ministra de economía española debió dar latas explicaciones ante las dudas sembradas por “el mercado” -o sea, por sus monitores- sobre la capacidad del país para sortear la crisis. Y un día sí y otro también, vemos en la TV a Merkel, Sarkozy, Cameron y otros líderes luchando con este quinto poder, que se sirve, además, del cuarto poder -la prensa- para difundir sus análisis.

Hay varias cosas que comentar sobre esto, a propósito del enorme poder que ejercen actualmente dichas compañías, que parecen tener al mundo en sus manos. Una “señal”, o peor, una “baja” decidida por ellas en la clasificación de la deuda soberana de un país -especialmente si es uno de los grandes- hace caer las bolsas, siembra dudas y repercute en cosas concretas, como las inversiones, el empleo, y otros efectos que llegan hasta hacer caer gobiernos, como de manera indirecta ocurrió en Portugal e Irlanda.

¿Son las clasificadoras de riesgo los vigilantes globales del comportamiento de los gobiernos? Y si eso es así, Quis custodiet ipsos custodes? O sea, ¿Quién vigila al vigilante?, pregunta fundamental de la gobernabilidad, ya planteada por Sócrates, según Platón.

En primer lugar, el vigilante debe ser “empoderado”, como se dice ahora, por quien lo instituye como tal. ¿Quién empoderó a las clasificadoras? Yo, desde luego, no, a pesar que como ciudadano tengo derechos y obligaciones con respecto a la gobernabilidad de mi país, y por extensión, del sistema internacional. ¿Los gobiernos?, no me parece, porque se limitan a registrar legalmente su existencia si cumplen con los procedimientos de derecho común al efecto. ¿El Estado? Por ahí nos vamos acercando, pues las clasificadoras -o sea, los vigilantes- funcionan, o deberían funcionar, según las leyes y reglas fijadas por los parlamentos y hechas cumplir por los administradores públicos y, si se vulneran, sancionadas por el poder judicial. Es decir, que estos entes que hemos apañado legalmente, operan conforme a leyes cuyos límites ha fijado el Estado. ¿Pero, pueden tener tanto poder como el que ejercen, si respetan las leyes y regulaciones que el Estado les ha impuesto? Cabe preguntarse entonces ¿Es suficiente la regulación por parte del poder político estatal y del sistema internacional, o este también ha sido seducido ya sea ideológica o materialmente? Vamos más allá entonces, porque así solo no se explica. ¿El mercado? Parece que por ahí nos acercamos más al punto, ya que el capitalismo financiero Siglo XXI -o sea, el mercado del dinero globalizado- vive de la especulación, que como señala la Real Academia significa, entre otras acepciones, “efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios. Más tajante es mi ex profesor en la Universidad Politécnica de Madrid, Ramón Tamames, que en su Diccionario de Economía (Alianza Editorial, 1992), señala: “Alza del valor de las cosas que promueven los vendedores aprovechando su escasez o sirviéndose de información confidencial en la bolsa, para lograr el máximo beneficio propio, en muchos casos con el perjuicio de los terceros que padecen el encarecimiento así generado”. ¿Suena familiar? Así es, hemos llegado a un punto en que el mercado, originalmente virtuoso en la concepción de Adam Smith, se ha transformado en un mal asignador de recursos, costos y beneficios, al amparar a los “especuladores” bajo el paraguas de una libre competencia que ya pasó de la producción e intercambio de bienes y servicios, hacia la producción e intercambio de expectativas. ¿Cómo se transan bienes y servicios, y se establecen los costos y precios? Es fácil saberlo. Pero no es fácil cuando se trata de vender expectativas, como es el caso de la especulación financiera. Entonces el papel que cumple en el caso de bienes y servicios la publicidad y el marketing, es reemplazado por los trascendidos, la “inside information”, o directamente las conferencias de economistas taquilleros vinculados a las calificadoras. Y ahí está el peligro, porque la opacidad de gabinetes y departamentos de estudio de estas compañías -ya hace tiempo cuestionados por estar generalmente integrados por jóvenes inexpertos, con grados universitarios superlativos, que además son impunes ante sus errores- permite cualquier cosa. Miremos un solo ejemplo: la montaña rusa de los bonos de las economías europeas en los últimos seis meses, que al ritmo de las calificadoras un día parecen en la bancarrota, y al siguiente con notables mejorías. En la pasada, los avispados hacen pingües ganancias. Quis custodiet ipsos custodes? preguntaba también el satírico romano Juvenal, a propósito de quienes estaban al cuidado de las mujeres, lamentando que los custodios se las arreglaran para aprovecharse de ellas. ¿Algún parecido?

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SOBRE LA VISITA DE OBAMA A AMÉRICA LATINA

USA-AMÉRICA LATINA Y EL EJEMPLO DE EUROPA

Héctor Casanueva

La visita de Obama a América Latina motiva la reflexión en torno a las relaciones con Estados Unidos. La visita puede tener varias lecturas. La elección de los países a visitar también, especialmente con respecto a aquellos excluidos. ¿Por qué no Argentina, que pertenece al G-20 y es una de las tres economías más grandes de la región? Tema de análisis y elucubraciones. Pero Brasil, sin dudas, es destino obligado, es la séptima economía del mundo, ha sido un poco díscolo en temas sensibles para Estados Unidos, pretende sentarse de manera permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, y está inaugurando un nuevo gobierno del PT con matices favorables a una relación futura más convergente. El Salvador, una señal para restañar heridas dejadas por una de las intervenciones más groseras de Estados Unidos en la región, ahora en un proceso democrático y de crecimiento con un liderazgo sensato que hay que reafirmar. Y Chile, la estrella del sur, asociado con un TLC pionero, con un modelo de desarrollo exitoso, un soft power reconocido internacionalmente que hay que reforzar desde el Norte, elegido como ejemplo a seguir, con un gobierno de derechas todavía marcado en ciertos círculos por el pinochetismo irredento, y por ello Obama equilibrará las cosas reuniéndose también con tres ex presidentes de la Concertación.

¿Significa esta visita un nuevo enfoque en la relación de Estados Unidos con América Latina, que históricamente ha sido, por decir lo menos, compleja, muy heterogénea e irritante? Algo de ello creímos ver en Jamaica en la Cumbre de las Américas, al inaugurarse la administración Obama. Después no ha habido mucha carne, más allá de los discursos. Los personeros norteamericanos que explican las razones y alcances de la visita de Obama a la región, no pueden mostrar avances concretos que permitan sustentarla, y por ello hay un cierto excepticismo en los círculos políticos sobre los resultados. Por cierto los gobiernos anfitriones -especialmente el chileno- tratarán de magnificarla, y no se puede negar que el hecho mismo tiene mucha significación, pero no necesariamente toda la que esperamos.

Algunos analistas, como Moisés Naím, le dan importancia solo a la visita a Brasil, y los otros dos serían solo para completar. O sea, Chile y El Salvador serían los teloneros. Puede ser, pero ya hemos dicho que estos dos países tienen un peso interesante en la geopolítica regional vista desde Washington. También se dice que la visita solo es como “por no dejar”, para que no se diga que ha descuidado la región ante tanto conflicto e intereses superiores en otras latitudes. También puede ser, pero una América latina que crece más que nadie, que se ha ordenado, que es fuente de oportunidades a las inversiones, que se ha ajustado -hasta Chávez incluso- a ciertos parámetros homologables con el corpus del ideario occidental, y que está en la mira hace rato ya de China, es una región a la que hay que atender y dar importancia.

Así como la sabiduría popular nos dice que no hay enemigo chico, hoy por hoy tampoco hay amigo chico, en esta hipercomunicada e interdependiente globalización.

Pero para que esta visita -durante la cual Obama enviará un mensaje a la región desde Santiago (¿mensaje “urbi et orbi?), ya veremos qué trae de nuevo o de concreto- tenga proyecciones e inaugure una nueva etapa para sus relaciones con la región, como algunos más optimistas esperamos, podemos mencionar dos condiciones políticas: una, que depende solamente de nuestros países, es conseguir un consenso básico muy pragmático y equilibrado sobre como relacionarnos con los Estados Unidos, más allá de ideologismos, peso del pasado y coyunturas. No parece fácil, pero se debe insistir, y en ello la convergencia entre Brasil, Chile, México, Perú, Colombia, El Salvador, Panamá, Uruguay y otras naciones puede ser determinante. La otra condición, que depende de Estados Unidos, es que con sus políticas de acercamiento favorezca efectivamente el consenso regional que se requiere, y se allane a entenderse con la región en su conjunto, lo que no ha hecho históricamente, pues ha privilegiado en los hechos más bien unas relaciones bilaterales generadoras de divisiones y hasta enfrentamientos. Ello no significa dejar de lado la relación bilateral específica, pero en un contexto de relaciones integradoras y de cooperación multilateralizada. Y menciono para ello el ejemplo de la relación Europa-América Latina, que desde 1987, primero, e institucionalizadamente desde la Cumbre de Rio de 1999, funciona sobre unas bases consensuadas y evolutivas, de diálogo político, comercio y cooperación, en cuyo marco se han suscrito los acuerdos de asociación con Chile, México, Centroamérica, y se negocian con Perú, Colombia y el Mercosur, de manera que dichos tratados sean convergentes hacia una zona eurolatinoamericana de libre comercio, lo que sin dudas servirá de base a entendimientos mayores en cuanto al nuevo orden internacional y los desafíos globales. Para esa nueva forma de entendimiento, Chile puede y debe jugar un papel importante de articulador desde los organismos regionales de integración a los que pertenece.

Las situaciones históricas son diferentes, pero debemos situarnos en una perspectiva de futuro. Así, es posible pensar que con los Estados Unidos podemos tener una relación similar a la que tenemos con Europa, lo que además completaría la trilateral estratégica que muchos especialistas proponen.

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domingo, enero 16, 2011

MULTILATERALISMO

EL MULTILATERALISMO COMO RESPUESTA
Héctor Casanueva
A desafíos globales, respuestas globales. Estas sólo se pueden dar desde el multilateralismo, que después del fin de la guerra fría estuvo de capa caída -con una "prepotencia", doce "potencias" y ciento sesenta "impotencias"- pero que ahora al parecer vuelve por sus fueros. Cuatro ciudades han sido protagonistas en los últimos meses de este resurgir de la concertación global y la mirada estratégica: en Seúl, el G-20 comenzó a dejar atrás, tímidamente, es cierto, el Consenso de Washington, para avanzar en un diseño del desarrollo con más contenido de políticas públicas y mayor relevancia del Estado; en Cancún, también tímidamente pero al parecer de manera irreversible, se avanzó en un consenso sobre cambio climático y medidas concretas, que pueden llegar a sustituir para mejor el Protocolo de Kioto y superar la frustración de Copenhagen; en Bruselas, hace unos días, la Unión Europea dio un paso político difícil -reformar el Tratado de Lisboa a sólo un año de su vigencia- para dar cabida a lo que podría ser el embrión de un FMI europeo, un fondo de estabilización que defenderá a capa y espada la moneda y la unión económica y monetaria, y de paso la estabilidad financiera mundial;.
Finalmente, en Foz de Iguazú, ciudad fronteriza de Brasil y Paraguay, el Mercosur decide un avance institucional muy importante, la creación de la Alta Autoridad común, que es un paso más hacia la supranacionalidad, y una agenda social común para profundizar el proceso, como soporte de las decisiones económicas instrumentales adoptadas en San Juan seis meses antes.
Aparte de la dimensión propiamente multilateral de estas decisiones -que rescatan el viejo pero olvidado aforismo de "la unión hace la fuerza"- hay ciertos elementos comunes que hacen pensar efectivamente en que a fuerza de costalazos, vamos poniéndonos en la senda correcta. Uno, que en estas decisiones han participado por igual grandes y chicos, "potencias" e "impotencias"; Dos, que la interdependencia obliga a entenderse; Tres, que la globalización trae aparejados desafíos comunes que no respetan fronteras ni tamaños, como las migraciones, el clima, la energía y las patologías internacionales como el narcotráfico o el cibercrimen; cuatro, que las comunicaciones han empoderado a los ciudadanos de tal modo que junto con la prensa ya no es posible que los grandes -tampoco los chicos- hagan lo que les de la gana. Y por último, que poco a poco se va infiltrando una conciencia moral colectiva para arrinconar a los especuladores que han tomado de rehén al Estado en contra de los intereses comunes.
La velocidad de los cambios en esta dirección es lo que resta por resolver, porque lo que va de una cumbre a otra, y la implementación de lo acordado, son tiempos demasiado largos para los ciudadanos de a pie. Ahí entra entonces la voluntad política y el liderazgo de nuestros dirigentes. El mundo necesita líderes capaces de dar el salto cualitativo en el momento preciso. No se ven muchos en el horizonte, pero algunos hay que parece que se atreven, sin retórica excesiva ni parafernalias, incluso aquellos que son un poco aburridos, pero hacen avanzar. Pienso en Merkel, Zapatero, Van Rompuy. También en Lula, Ban Ki Moon, Calderón. Y países emergentes que pueden jugar un rol del denominado "liderazgo conceptual", como Chile, si nos atrevemos.

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domingo, enero 09, 2011

MARITAIN SIGLO XXI

MARITAIN SIGLO XXI
Héctor Casanueva


Justo cuando se cumplen sesenta años de la publicación de "El Hombre y el Estado", uno de los textos más emblemáticos de la filosofía política de Jacques Maritain, nuestro compatriota, abogado, residente en Estados Unidos, Ángel C. Correa, nos entrega una contundente obra sobre el filósofo francés, en la que hace un repaso prolijo, bien documentado, entusiasta pero riguroso, de la vida y del pensamiento maritainiano.
El libro "Jacques Maritain, filósofo cristiano", a través del análisis histórico circunstanciado y conceptual de sus escritos, como también con base en opiniones y testimonios de otros autores y textos de la propia Raissa, esposa inseparable del filósofo, permite comprender cabalmente los orígenes de su reflexión sobre el hombre, la sociedad, la religión, la filosofía y sobre todo -porque Maritain fue un pensador conectado totalmente con la realidad- su reflexión política desde la óptica de un cristiano comprometido con la transformación de la sociedad.
Con estos elementos, que ya como obra de consulta justifican el esfuerzo intelectual y editorial del autor, lo notable es que nos presenta también un Maritain plenamente vigente, diríamos un Maritain Siglo XXI, que con sus obras no solamente dejó una impronta en su tiempo y un legado que permitió de una vez para siempre conciliar cristianismo y democracia, pensamiento y acción política, derechos humanos y rol del Estado, sino que anticipó las tensiones y crisis que viviríamos en nuestra época, en el orden económico y político, proponiendo un camino de "Humanismo Integral" para superar el individualismo, el totalitarismo y avanzar, mediante el compromiso político, en la construcción de una sociedad comunitaria, una "comunidad de comunidades" a escala local, nacional y global.
Recordemos por ejemplo su llamado al compromiso ineludible de los cristianos en la transformación de la sociedad, a la rebeldía frente a un orden injusto, como asimismo su apuesta por un "gobierno mundial". Recordemos, asimismo, su influencia concreta en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Concilio Vaticano II, en las bases filosóficas y conceptuales de la integración europea, en la creación de los partidos demócrata-cristianos (otra cosa es que muchos de ellos no hayan sido fieles a sus fundamentos) y sus permanentes y a veces angustiosas reflexiones sobre la crisis cultural y el vacío de sentido que deja el materialismo de la sociedad contemporánea. ¿No son estas acaso nuestras mismas preocupaciones hoy?
Maritain, en sus obras, entrega pistas, elementos, motivaciones para superar y construir el actual orden de cosas. De entre los textos del filósofo, seleccionados por Ángel Correa, copio, para finalizar, el siguiente, extractado del discurso pronunciado en la UNESCO en 1966, muy apropiado para el momento que estamos viviendo: "Lo que el mundo actual necesita tan desesperadamente no son las seudo-renovaciones en filosofía que traicionan la razón en su esfuerzo por captar al ser, ni las seudo-renovaciones teológicas que pretenden cambiar aquellas verdades que vienen de la boca de Dios. Las renovaciones auténticas que tanto necesitamos -y me estoy dirigiendo a los cristianos- son en la manera de aproximarnos a los problemas, en nuestra metodología, en nuestra preocupación por los descubrimientos y el progreso, más pendientes de la experiencia y más intuitivos, más atentos a la historia del pensamiento y al desarrollo de las ciencias (.......) para entender y reinterpretar todo a la luz de una sabiduría apasionadamente fiel a la realidad, capaz de crecer continuamente porque está destinada a durar todo el tiempo".

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sábado, noviembre 20, 2010

PROSPECTIVA DE EUROPA Y AMÉRICA LATINA

PROSPECTIVA DE EUROPA Y AMÉRICA LATINA
Héctor Casanueva[1]
Hace un tiempo tuvimos la oportunidad de asistir en Santiago a un motivador coloquio con Felipe González y Ricardo Lagos sobre el futuro de Europa, de América Latina y el mundo. En una ponderación de los focos temporales de sus intervenciones, diría que dedicaron un 10% al pasado, un 40% al presente y un 100% al futuro. ¿Cómo, que no cuadran los porcentajes? Si cuadran, porque ambos al abordar los temas económicos, políticos, culturales, del pasado y el presente, siempre lo hicieron con una mirada prospectiva, o sea, hacia el futuro.

Lagos había presentado recién un libro en que habla del futuro de Chile al 2030. Por su parte Felipe había entregado en mayo al Consejo de la UE el resultado del análisis del grupo de expertos que él coordinó, sobre la Europa del Futuro (Ver documento en http://www.celare.org/index.php?option=com_remository&Itemid=92&func=fileinfo&id=402.

El análisis prospectivo y la creación de escenarios de futuro han vuelto con fuerza a las mesas de trabajo de los líderes políticos en Europa, Estados Unidos y el Asia, como también en la OCDE, la UNESCO y otros organismos internacionales. Esta ciencia, o método (se discute si es propiamente una ciencia o un método), contribuye a reducir la incertidumbre y gestionar el futuro, y en tal sentido es una herramienta política esencial en nuestro tiempo. Es diferente de la planificación, aunque la integra, en cuanto no se trata de la creación de escenarios a partir de la proyección lineal de la realidad presente, sino de generar una “visión” anticipatoria (“foresight”) de una realidad posible situada en el largo plazo. Contribuyen fuertemente a ello organizaciones internacionales no gubernamentales como The Millennium Project (que acaba de finalizar un estudio sobre América latina 2030); la World Future Society o The Challenge Forum.

En América latina la prospectiva ha estado presente en universidades y en ciertas redes académicas, lideradas principalmente por especialistas colombianos y argentinos; también en algunos encuentros y documentos patrocinados por la CEPAL. La UE apoyó en el 2000 un estudio “América latina 2020” con la asociación española AIETI, ONGs italianas y latinoamericanas. Asimismo, la Red Latinoamericana de Prospectiva puso en marcha reuniones y seminarios sobre América latina al 2020. La Secretaría del Convenio Andrés Bello patrocinó hace años un estudio sobre prospectiva tecnológica regional. Hay iniciativas como “Perú 2020” del Consorcio de Universidades del Perú, o “México 2030” de la presidencia azteca. Lo que falta es tener a nivel latinoamericano un esfuerzo político de análisis prospectivo. Tanto el Grupo de Río como la ALADI y la CEPAL son instancias suficientemente abarcadoras a las que se podría encargar la formación de un Grupo de Trabajo de alto nivel, similar al de la Europa 2030, que presente escenarios de futuro y una propuesta de estrategia consecuente, que podría ser el eje ordenador que nos hace falta para dar base a un proceso de integración para el Siglo XXI sustentable, realista y movilizador. Chile preside el Grupo de Río, y podría impulsar esta idea, e incluso concretar una cooperación con la UE al respecto durante la Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno a celebrarse en Santiago el 2012.

Porque cada vez está más claro que el presente se debe administrar desde el futuro.
[1] Vicerrector de Investigación y Desarrollo de la Universidad Pedro de Valdivia. Representante en Chile del think tank global de estudios del futuro “The Millennium Project”. Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE)

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